Nuestra vida tiene que ser una vida de luz, de iluminación, de gracia, de práctica de las virtudes. No nos olvidemos de ello, agregó.
Tenemos que ser unas personas virtuosas, agradables a los ojos de Dios porque es muy fácil ser agradable a los ojos de las personas, porque podemos tomar ese rostro de hipocresía, aparentar lo que no somos.
En su homilía dominical, resaltó “esa experiencia de vivir un encuentro con Dios, eso nos trae mucha paz, nos trae mucha tranquilidad en nuestra vida”.
Por ello, pidió buscar esa protección divina. “No se canse usted, cuando sale de su casa, dígale a Dios: protégeme, que vuelva con bien. Cuando se sube a su vehículo, encomiéndese a Dios, para que le dé mirada atenta y no cause daño a nadie, para que usted maneje con mucha responsabilidad… encomiéndese a Dios”.
También demandó que cuando llegue a su trabajo, encomiéndese a Dios, para que su labor la realice con mucha responsabilidad, con mucha conciencia y quienes le han contratado en ese servicio, en ese trabajo, estén felices porque cuentan con usted.
El arzobispo aseguró que este mundo sería diferente si supiéramos vivir todos, y en todo momento el Evangelio.
También felicitó a los que son papás. “Al jefe de la familia, al hombre mayor de la familia. Al que tiene la gran responsabilidad de cuidar un hogar, de velar por él. Al que ha sido bendecido por Dios regalándole uno o varios hijos y, por eso, le dicen papá”.









































