Lo que parecía una ceremonia más de graduación se convirtió en un acto de valentía y denuncia social. Una estudiante de la Preparatoria “Felipe Carrillo Puerto”, ubicada en este municipio chiapaneco, interrumpió el protocolo para revelar públicamente casos de acoso sexual cometidos por docentes dentro de la institución.
El testimonio, emitido con firmeza frente a autoridades, padres de familia, alumnos y docentes, reveló una presunta cultura de impunidad, misoginia y complicidad entre profesores varones. Las palabras de la joven rápidamente se difundieron por redes sociales y medios locales, generando un debate urgente sobre la violencia de género en los espacios educativos.
“MAESTROS ACOSADORES Y CÓMPLICES”: EL DISCURSO QUE REMECIÓ LA CEREMONIA
“Es agotador y realmente triste que le tengan tanto miedo a las palabras y a la verdad”, comenzó la joven, antes de lanzar una dura crítica a los profesores que —según dijo— ejercen poder desde el desprecio, la discriminación y el hostigamiento.
Aseguró que, además de prepotencia y falta de vocación, varios docentes son responsables de acoso sexual.
“En la plantilla docente que labora en esta escuela, gran parte de maestros son hombres y más allá de ser hombres, son acosadores”, acusó.
Y añadió:
“Puede ser que no todos lo sean, pero son amigos. Y defienden a sus cuates a capa y espada. El amigo de un acosador puede ser otro acosador”.
UNA CULTURA DEL MIEDO: MIRADAS, COMENTARIOS Y PROPUESTAS INAPROPIADAS
Durante su valiente intervención, la alumna expuso cómo se normalizan dentro de la escuela conductas impropias, como las miradas insinuantes, los comentarios sobre la vestimenta de las alumnas y las propuestas de relaciones con menores de edad.
“Es la libertad que sienten que tienen para hacer comentarios fuera de lugar, para echarle la culpa a nuestras faldas, para hacer invitaciones inapropiadas e incluso para creer que pueden sostener relaciones románticas o sexuales con niñas menores de edad y alumnas”.
La joven lamentó no haber hablado antes y responsabilizó a la institución por no actuar:
“Lamento profundamente no haberlo hablado antes. Lamento que no se me diera la oportunidad. Y lamento que los trabajadores de esta institución no hayan tomado cartas en el asunto”.
“LEVANTEN LA MANO”: UNA LLAMADA AL CORAJE COLECTIVO
Uno de los momentos más impactantes fue cuando pidió a las alumnas presentes levantar la mano si alguna había sido víctima de acoso. Algunas lo hicieron, muchas no. Ella explicó el motivo con crudeza:
“Eso es por el temor que prevalece por la autoridad de los profesores acosadores”.
Con la voz firme, alentó a sus compañeras a romper el silencio y a no tener miedo de denunciar. Concluyen en medio de aplausos de su compañeras.
UN SISTEMA QUE CALLA: ¿DÓNDE ESTÁN LAS AUTORIDADES EDUCATIVAS?
Hasta el momento, no hay un pronunciamiento oficial de la Secretaría de Educación estatal ni de la directiva de la Preparatoria “Felipe Carrillo Puerto”. Tampoco se ha informado si se abrirán investigaciones formales o si los docentes señalados han sido identificados o separados de su cargo.
El silencio institucional tras la denuncia pública evidencia una falta de protocolos efectivos para abordar este tipo de violencia. Peor aún, refuerza la impunidad que la alumna denunció: un entorno en el que las víctimas tienen que enfrentarse solas al sistema que debería protegerlas.
VIOLENCIA DE GÉNERO EN ESCUELAS: UN PROBLEMA NACIONAL
Lo ocurrido en Pijijiapan no es un caso aislado. Según datos del Diagnóstico Nacional sobre la Violencia de Género en las Escuelas de la SEP, miles de adolescentes en México enfrentan formas de acoso por parte de sus profesores, muchas veces encubiertas por el corporativismo institucional o la omisión de las autoridades.
Este caso podría convertirse en un parteaguas si es atendido con la seriedad y la perspectiva de género necesarias. La valentía de una estudiante alzó la voz, pero la pregunta ahora es: ¿se dará seguimiento al caso?










































