La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina, confirmó este lunes que la tormenta del domingo 10 de agosto ha sido la más intensa registrada en la historia de la capital, alcanzando los 84.5 milímetros de precipitación en el Zócalo. El récord anterior databa de 1952, con un máximo histórico de 67 mm.
“Cada día rompemos récord. Siempre pensamos que esta es la lluvia más fuerte… y al otro día llega otra peor”, declaró Brugada en conferencia de prensa. La intensidad del fenómeno impactó principalmente al centro de la ciudad.
SIN DAÑOS MAYORES, PERO CON VIVIENDAS AFECTADAS
A pesar del volumen de agua, Brugada afirmó que no se registraron afectaciones de gravedad. Sin embargo, la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil (SGIRPC) reportó entre 50 y 75 viviendas con daños, y mantiene abiertos los censos para determinar los apoyos a los afectados.
“Con la lluvia más intensa que hemos sufrido, no tuvimos mayores problemas que lamentar”, subrayó la mandataria capitalina. Aseguró también que la atención a emergencias fue “más efectiva que nunca”.
INFRAESTRUCTURA BAJO PRESIÓN
La mandataria reconoció que la infraestructura de drenaje ha sido suficiente hasta ahora, pero advirtió que se necesita seguir fortaleciendo el sistema hídrico, especialmente en la captación e infiltración de agua de lluvia.
“Vamos a seguir trabajando en otras áreas de infraestructura para la ciudad, sobre todo la recuperación de agua y la infiltración masiva”, dijo, anticipando que los meses más críticos aún están por venir: agosto y septiembre.
ALERTA PÚRPURA SIN PRECEDENTES
Mario Esparza, secretario del Agua de la CDMX, informó que la magnitud de la alerta púrpura activada por la lluvia no tiene precedentes. De los 84.5 mm de agua acumulada, 50 cayeron en apenas 20 minutos, lo que rebasa los estándares de diseño de cualquier sistema de drenaje.
“A esto se suma el tema de la basura que tapona coladeras y agrava las afectaciones”, advirtió Esparza.
¿ESTÁ PREPARADA LA CIUDAD PARA EL CAMBIO CLIMÁTICO?
La tormenta del 10 de agosto vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de la infraestructura urbana ante fenómenos meteorológicos extremos, que se han vuelto más frecuentes con el avance del cambio climático. Aunque las autoridades afirman que se está trabajando en soluciones a largo plazo, los eventos recientes muestran que las capacidades actuales podrían estar quedando atrás.
El discurso oficial destaca la eficiencia de la respuesta institucional, pero no deja de llamar la atención que, pese a tratarse de la “peor lluvia en la historia”, se minimicen las afectaciones. Una ciudad resiliente requiere más que declaraciones: necesita infraestructura moderna, educación ambiental, y planificación urbana de largo plazo.











































