Caminar por Ciudad Universitaria, detenerse bajo la sombra de un árbol, conversar con amigos o simplemente contemplar la Biblioteca Central, el Estadio Olímpico México 68 y Las Islas permite dimensionar que detrás del orgullo azul y oro existe una historia de 475 años de transformaciones, conflictos, cierres, autonomía y conocimiento.
La Universidad Nacional Autónoma de México llega este 21 de septiembre a un aniversario que la coloca frente a la antesala de su quinto centenario. Su historia comenzó el 21 de septiembre de 1551, cuando se aprobó la fundación de la Universidad de México, institución que se convertiría en una de las raíces históricas de la actual UNAM.
Desde entonces, sus aulas y espacios han acompañado buena parte de la historia mexicana.
UNA UNIVERSIDAD ANTES QUE LA NACIÓN
Mucho antes de que México se constituyera como país independiente, ya existía una universidad en la capital de la Nueva España.
La institución fue creada mediante cédulas expedidas en 1551. En sus primeros años contó con facultades dedicadas a Teología, Cánones, Leyes, Medicina y Artes. Más adelante obtuvo también el título de Real y Pontificia.
La historiadora Gabriela de la Cruz Flores, directora del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, destaca que la universidad nació originalmente con una función muy distinta a la que tiene actualmente.
“Inicialmente y como tal, lo que se buscaba con la universidad es que ayudara a la formación de los hijos de los españoles. Entonces, ya esa historia, por supuesto, queda rebasada en el tiempo”.
Aquella institución atravesó los cambios políticos que sacudieron a México durante los siglos XIX y XX. Dejó atrás los títulos vinculados con la monarquía y la Iglesia, enfrentó cierres y posteriormente fue reconstruida bajo una nueva concepción de educación superior.
CERRADA, REABIERTA Y VUELTA A CONSTRUIR
El siglo XIX fue particularmente turbulento. La universidad fue cerrada en distintos momentos, entre ellos 1833, 1857, 1861 y 1865. Los gobiernos liberales cuestionaron su estructura y su relación histórica con la Iglesia.
En ese periodo, buena parte de la educación superior comenzó a desarrollarse mediante escuelas nacionales. Una de ellas fue la Escuela Nacional Preparatoria, fundada en 1867 por Gabino Barreda.
La universidad que existía desde la época colonial dejó de funcionar como tal, pero la educación superior mexicana continuó desarrollándose por otras vías.
Fue Justo Sierra quien retomó décadas después el proyecto de crear una universidad nacional moderna.
JUSTO SIERRA INSISTE HASTA LOGRARLO
Justo Sierra presentó proyectos para restablecer la universidad en 1881 y 1882, pero no prosperaron. Volvió a intentarlo en 1902 y 1905.
Finalmente, en 1910, su propuesta fue aprobada.
Así nació la Universidad Nacional de México, que incorporó diversas escuelas nacionales que ya funcionaban y planteó una nueva misión: generar conocimiento y formar profesionales al servicio del país.
De acuerdo con De la Cruz, la visión de Sierra significó un cambio fundamental.
“Que surgiera como tal una universidad que tuviera como foco el desarrollo del conocimiento para la nación, para México, ya con otra visión”.
La institución que hoy se conoce como UNAM todavía tendría que atravesar otro de sus capítulos decisivos.
1929: LA AUTONOMÍA CAMBIA LA HISTORIA
En 1929, un movimiento estudiantil derivó en una transformación fundamental: la autonomía universitaria.
El principio implicaba que la institución pudiera gobernarse, tomar decisiones y desarrollar sus actividades académicas sin una intervención directa del gobierno en su vida interna.
De la Cruz explica que la autonomía buscaba garantizar precisamente esa capacidad de autogobierno.
“Lo que se buscaba es que la universidad tuviera plena libertad para tomar sus decisiones, para autogobernarse, para gestionar sus recursos”.
El Palacio de la Autonomía, ubicado en el Centro Histórico, permanece como uno de los espacios que recuerdan aquel proceso.
DEL CAMPUS A TODO EL PAÍS
La UNAM dejó de ser únicamente un conjunto de edificios en el Centro Histórico.
La construcción de Ciudad Universitaria convirtió al sur de la capital en uno de los principales espacios de educación, investigación y vida estudiantil del país. Posteriormente surgieron las Escuelas Nacionales de Estudios Profesionales —hoy Facultades de Estudios Superiores— y las Escuelas Nacionales de Estudios Superiores.
También se expandió la educación media superior mediante los Colegios de Ciencias y Humanidades.
Actualmente, la presencia universitaria alcanza distintas regiones del país y mantiene sedes fuera de México.
La institución también cuenta con instalaciones de investigación, museos, centros culturales, bibliotecas y hasta embarcaciones destinadas a trabajos científicos en el mar.
EL ORGULLO DE SER PUMA
Para miles de estudiantes, la dimensión histórica de la institución se mezcla con una experiencia mucho más cotidiana: llegar a clase, recorrer los pasillos, conocer profesores y construir amistades.
Ángel, estudiante de reciente ingreso a la Facultad de Economía, resume ese sentimiento desde Ciudad Universitaria:
“Cuando alguien habla de la UNAM es como ¡wow!, la UNAM. De aquí han salido personas muy importantes, entonces sí representa bastante esta institución. Fundamentalmente es el corazón de México”.
La experiencia también se extiende a quienes ya concluyeron sus estudios.
Ditza Meza, recién titulada como actuaria, considera que los 475 años representan una hazaña precisamente por la cantidad de generaciones que han pasado por sus aulas.
“Es una gran hazaña porque la universidad no solamente ha sido una generación, sino que representa a muchas generaciones y genera demasiado conocimiento para la sociedad”.
PROFESORES Y ESTUDIANTES, EL ROSTRO ACTUAL
La dimensión de la UNAM no está únicamente en sus edificios históricos ni en sus colecciones.
Son sus estudiantes, profesores, investigadores y trabajadores quienes mantienen diariamente en funcionamiento una comunidad universitaria que abarca desde el bachillerato hasta el posgrado.
Keydi, estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas, destaca la preparación de sus profesores.
“Los maestros que tengo, se ve que les gusta muchísimo dar su clase. Siento que están muy preparados”.
Para Alfonso Contreras Negrete, profesor de licenciatura y posgrado con 27 años de experiencia docente en la institución, la universidad también representa una oportunidad de movilidad social.
“Me ha permitido ejercer una profesión y brindar un servicio a la sociedad. Más allá del dinero y de los ingresos, es también aportar algo a nuestra nación”.
Su definición de la UNAM es breve:
“Tesoro del saber y del conocimiento”.
UNA FÁBRICA DE CONOCIMIENTO
La influencia de la UNAM también puede medirse en la formación profesional y en la investigación científica y humanística.
La institución ha formado generaciones de médicos, abogados, científicos, ingenieros, escritores, artistas, investigadores y especialistas en prácticamente todas las áreas del conocimiento.
De la Cruz señala que una de sus principales aportaciones ha sido la movilidad social.
“Esa formación profesional ha permitido la movilidad social de millones de mexicanos y a su vez también la transformación de sus propias condiciones de vida y de nuestro país”.
A ello se suma una amplia infraestructura de investigación en ciencias naturales, exactas, sociales y humanidades.
La universidad también ha estado vinculada con figuras reconocidas internacionalmente, entre ellas los tres mexicanos galardonados con el Premio Nobel que tuvieron relación con sus aulas: Alfonso García Robles, Octavio Paz y Mario Molina.
Por sus espacios también pasaron figuras como Frida Kahlo y Rosario Castellanos, además de numerosas generaciones de científicos, artistas, escritores y profesionales.
1968 Y 1999: LAS HERIDAS DE LA UNIVERSIDAD
La historia de la UNAM no está construida únicamente con reconocimientos.
También registra episodios de fuerte confrontación.
En 1968, el movimiento estudiantil y la represión marcaron profundamente a la comunidad universitaria y a la historia contemporánea de México.
Tres décadas después, en 1999, una huelga estudiantil contra el aumento de cuotas paralizó las actividades de la institución durante aproximadamente diez meses.
Para De la Cruz, esos episodios forman parte de una característica constante de la universidad: su capacidad de enfrentar momentos de ruptura y transformarse.
“En cada momento que podríamos ubicar como crítico, difícil, como un punto de quiebre, la universidad siempre ha tenido una respuesta para salir adelante”.
LA MEMORIA TAMBIÉN ESTÁ EN LAS BIBLIOTECAS
Otro de los grandes patrimonios de la institución está lejos de las aulas.
El sistema bibliotecario de la UNAM conserva libros, periódicos, mapas, tesis, revistas, manuscritos y colecciones históricas que permiten reconstruir parte de la memoria cultural de México.
Entre sus fondos antiguos existen documentos procedentes de instituciones que se remontan a los primeros siglos de la Nueva España.
La Dirección General de Bibliotecas y Servicios Digitales de Información ha destacado la existencia de importantes fondos históricos, mientras que las colecciones especiales reúnen cientos de miles de volúmenes.
Uno de los objetos singulares del acervo universitario es un ejemplar de Arcana Naturae Detecta, de Antoni van Leeuwenhoek, considerado uno de los pioneros de la microscopía.
La conservación de estos materiales convierte a las bibliotecas en algo más que espacios para consultar libros: son depósitos de memoria histórica.
475 AÑOS Y LOS RETOS DEL FUTURO
La celebración llega mientras la UNAM enfrenta desafíos propios de una universidad del siglo XXI: la administración eficiente de sus recursos, la expansión de su oferta académica, la investigación científica y el impacto de tecnologías como la inteligencia artificial.
La discusión sobre el futuro también obliga a preguntarse cómo conservar una institución con siglos de historia sin convertir el pasado en un obstáculo para su transformación.
Para De la Cruz, el aniversario debe servir para reconocer el legado, pero también para mirar hacia adelante.
“Celebramos también la presencia de la universidad en el mundo. Tenemos sedes en el extranjero. Y celebrar que en estos 475 años también tenemos muchos sueños”.
Desde las antiguas calles del Centro Histórico hasta las explanadas de Ciudad Universitaria, esos 475 años pueden leerse como una larga sucesión de rupturas y reconstrucciones.
La universidad que nació en el siglo XVI sobrevivió a la Colonia, la Independencia, reformas políticas, cierres, conflictos estudiantiles y profundas transformaciones sociales.
Hoy, entre aulas, bibliotecas, laboratorios, museos y jardines, la UNAM continúa escribiendo una historia que comenzó hace casi cinco siglos y que tiene todavía un capítulo pendiente: llegar al medio milenio sin dejar de transformarse.










































