Confortada por todos sus seres queridos, falleció ayer doña María del Carmen Fernández Pichardo.
Su deceso conmocionó a la sociedad oaxaqueña por ser una persona muy estimada, su bonhomía siempre la caracterizó a lo largo de su vida, a través de la cual cultivó la amistad y su espíritu de servicio con quienes se lo solicitaron.
Sus actividades siempre las combinó entre el hogar y el periodismo, pues a lo largo de varios años fue la responsable de la Sección de Sociales en EL IMPARCIAL “El Mejor Diario de Oaxaca”.
Debido a su estilo para comentar los sucesos sociales de la época, se convirtió en una de las secciones más leídas y comentadas, pues imprimió a cada una de sus crónicas un sello muy especial.
Durante su actividad periodística, retrató fielmente la vida social de nuestra capital a través de su Coctelera Dominical y su columna que aparecía durante los días de la semana.

Recibió varios reconocimientos de diversos organismos e instituciones públicas debido a sus actividades en favor de sectores vulnerables, así como por su trayectoria en las actividades periodísticas.
Fue galardonada por instituciones políticas quienes le reconocieron su dedicación y arduo trabajo en beneficio de la sociedad oaxaqueña, al considerar que su tarea es el motor que hace caminar, con su motivación y con su esfuerzo cotidiano a cada hogar, comunidad, ciudad, estado y país.
A lado de sus hermanos, Benjamín, Mina, María de Los Ángeles y María Esther, consolidó la empresa periodística más importante del sureste del país y formó parte del Consejo de Administración.
Debido a su sensibilidad, incursionó en la administración pública como responsable de Relaciones Públicas del Gobierno del Estado y del Poder Legislativo, donde obtuvo el reconocimiento por su dedicación y trata afable.
Le sobreviven sus hijos Enrique y Claudia Silva Fernández, y sus nietos, Andrés y Claudia Alcántara Silva, así como Almudena y Amai Silva González.
Descanse en paz.

Hasta siempre Abis…
*Andrés Alcántara Silva
Cuando nos dieron meses tú nos diste más de un año, cuando nos dieron horas tú nos diste días. 
Fuiste una guerrera toda tu vida, y desde el primer momento de tu enfermedad fuiste aún más fuerte. Admiro tus ganas de vivir y tu fortaleza. No nos querías dejar, y nosotros no queríamos que te fueras, pero descansa en paz Abis, tranquila y orgullosa porque tú sola formaste una pequeña gran familia.
Te ruego me des tu fortaleza para aprender a vivir sin ti. Gracias infinitas por 23 años de crecerme y cuidarme como un hijo más, tú eres y serás siempre una segunda madre para mí.
Gracias por esperarme para despedirnos, pero sobre todo por tu inmenso amor. Gracias por haber sido tu consentido. Simplemente no imagino un mundo sin ti. Desde el primer momento de mi vida hasta el último de la tuya estuvimos juntos, en cuerpo y alma, inseparables.
Tú que hace más de 23 años me hiciste tu todo, que te dedicaste a mí por completo, hoy y siempre serás mi todo, te dedico mi vida. Te pensaré y amaré cada instante de mi vida hasta que nos volvamos a encontrar. Hasta siempre Abis, descanse en paz la mejor abuela del mundo.












































