El Centro Histórico de Oaxaca enfrenta un fenómeno cada vez más visible: un mayor número de personas en situación de calle permanece en parques, jardines y espacios públicos durante buena parte del día y la noche.
El Zócalo, la Alameda de León y el jardín Carbajal se han convertido en algunos de los puntos donde estas personas duermen, solicitan apoyo económico, descansan y pasan las horas como parte de una rutina marcada por la falta de vivienda y, en algunos casos, por problemas de adicciones.
El incremento de su presencia ha vuelto a colocar sobre la mesa una problemática que no puede reducirse únicamente al uso de los espacios públicos. Detrás de cada persona que permanece en la calle existen condiciones sociales distintas que pueden incluir pobreza, abandono, problemas familiares, consumo problemático de sustancias o falta de acceso a servicios de atención.
MÁS PERSONAS EN LOS ESPACIOS PÚBLICOS
En las últimas semanas, la presencia de personas en situación de calle se ha hecho más notoria en distintos puntos del Centro de la capital.
Durante el día, algunas permanecen en los alrededores de los jardines y plazas; por las noches, estos mismos espacios se convierten en lugares para dormir.
El fenómeno es particularmente visible en el Zócalo y la Alameda de León, dos de los sitios más concurridos por habitantes y visitantes.
La concentración también genera preocupación entre comerciantes y ciudadanos que utilizan diariamente estos espacios, especialmente cuando existen episodios relacionados con consumo de alcohol o drogas, conflictos entre personas o conductas que afectan la convivencia.
Sin embargo, el problema plantea una pregunta que va más allá del desalojo de una plaza: ¿qué ocurre con estas personas después de ser retiradas de los espacios públicos?
EL OPERATIVO PESCADOR NO CAMBIÓ EL ESCENARIO
Como parte de las acciones emprendidas para atender a personas en situación de calle y con problemas de adicciones, autoridades realizaron el denominado Operativo Pescador, principalmente en inmediaciones de la Central de Abasto.
La estrategia buscaba intervenir en una zona donde históricamente se ha concentrado un número importante de personas en condiciones de vulnerabilidad.
No obstante, la situación observada posteriormente plantea dudas sobre el alcance de este tipo de operativos.
En lugar de desaparecer, parte de la población que permanecía en la zona habría desplazado su presencia hacia otros puntos, particularmente hacia el Centro Histórico.
El traslado del problema de una zona a otra deja en evidencia una de las dificultades centrales: retirar a las personas de un espacio público no necesariamente resuelve las causas que las llevaron a vivir en la calle.
DE LA CENTRAL DE ABASTO AL CORAZÓN DE LA CIUDAD
El desplazamiento hacia el Centro ha hecho más evidente una problemática que ya existía.
Parques y jardines ofrecen espacios abiertos donde las personas pueden permanecer durante varias horas y, en algunos casos, pasar la noche. La ubicación céntrica también facilita el acceso a zonas comerciales, transporte y lugares donde pueden solicitar dinero.
El resultado es una mayor visibilidad del fenómeno en una zona que concentra actividad turística, comercial y administrativa.
La situación genera una tensión entre dos necesidades: garantizar que los espacios públicos sean seguros y accesibles para todos, pero también atender a quienes viven en condiciones de extrema vulnerabilidad.
EL PROBLEMA NO SE RESUELVE CON DESALOJOS
La permanencia de personas en situación de calle evidencia los límites de una estrategia basada principalmente en operativos.
Cuando una persona es retirada de un punto, pero no cuenta con una alternativa de vivienda, atención médica, tratamiento contra las adicciones o una red familiar que la reciba, existe la posibilidad de que simplemente se traslade a otro lugar.
Por ello, el desafío para las autoridades no consiste únicamente en recuperar espacios públicos, sino en construir mecanismos permanentes de atención.
La intervención requiere coordinación entre servicios sociales, salud, seguridad pública y organizaciones especializadas, además de diagnósticos que permitan conocer cuántas personas viven en esta condición, cuáles son sus necesidades y qué alternativas reales existen para ellas.
UNA PROBLEMÁTICA QUE CRECE A LA VISTA DE TODOS
El aumento de personas en situación de calle en el Centro de Oaxaca no es solamente una cuestión de imagen urbana.
Es también un indicador de vulnerabilidad social que se vuelve más evidente en una ciudad donde los espacios públicos tienen un intenso uso turístico y comercial.
Mientras los operativos pueden ofrecer respuestas inmediatas a determinadas situaciones, la permanencia del fenómeno demuestra que se necesitan acciones de mayor alcance.
El reto está en evitar que la política pública se limite a mover a las personas de un sitio a otro y avanzar hacia mecanismos que permitan atender las causas de fondo.
Finalmente, por ahora, el Zócalo, la Alameda de León y otros jardines del Centro continúan mostrando una realidad que difícilmente puede ocultarse: la presencia de personas que han quedado fuera de una red de vivienda y atención suficiente sigue creciendo a la vista de habitantes y visitantes.
Con información de Jesús Santiago











































