En pleno zócalo de la ciudad de Oaxaca, epicentro turístico y político del estado, adultos mayores —principalmente mujeres— continúan ganándose la vida mediante la venta de productos, una escena cotidiana que contrasta con la narrativa oficial sobre los programas de apoyo dirigidos a este sector de la población.
La imagen, captada por la cámara de El Imparcial, refleja una realidad persistente: la vejez en Oaxaca sigue marcada por la precariedad, incluso para quienes ya han cumplido con una vida laboral y productiva.
TRABAJAR PARA SUBSISTIR
Sentadas en banquetas o caminando entre turistas, mujeres de la tercera edad ofrecen alimentos, artesanías o productos tradicionales para obtener ingresos diarios que les permitan sobrevivir. Para muchas, dejar de trabajar no es una opción, a pesar de la existencia de programas sociales federales y estatales dirigidos a adultos mayores y mujeres.
La escena plantea una interrogante de fondo: ¿por qué estos apoyos no son suficientes para garantizar condiciones de vida dignas?
APOYOS INSUFICIENTES Y POBREZA PERSISTENTE
Especialistas señalan que, aunque los programas de apoyo económico representan un alivio, no cubren el costo real de la vida, especialmente en zonas urbanas y turísticas como el Centro Histórico de Oaxaca. La necesidad de trabajar evidencia que amplios sectores de adultos mayores viven al día, sin ahorros ni seguridad económica.
En muchos casos, estos ingresos son el único sustento para pagar alimentos, medicamentos o renta.
TURISMO, GENTRIFICACIÓN Y ENCARECIENTO
La apertura turística y el avance de la gentrificación han incrementado de forma sostenida el costo de vida en Oaxaca. Productos que históricamente formaban parte de la dieta cotidiana de la población, como tlayudas, quesillo, chapulines y otros alimentos tradicionales, se han encarecido hasta volverse inaccesibles para muchas familias locales.
Paradójicamente, estos productos hoy son consumidos principalmente por visitantes, mientras que las personas originarias enfrentan mayores dificultades para adquirirlos.
UNA VEJEZ SIN DESCANSO
La presencia constante de adultas mayores trabajando en espacios públicos expone una falla estructural en las políticas sociales, que no logran garantizar una vejez digna. Más allá del discurso institucional, la realidad cotidiana muestra que envejecer en Oaxaca implica seguir trabajando para comer, incluso después de haber entregado años de vida productiva al estado.
Finalmente, la pregunta persiste en el corazón de la ciudad: ¿qué tan efectivos son los programas sociales si quienes deberían descansar aún deben salir a vender para sobrevivir?










































