Ni la oscuridad ni los imprevistos lograron detener el arranque de una de las celebraciones más esperadas del Istmo: la Vela Pineda, que comenzó la noche del sábado en medio de un apagón generalizado en la zona de Cheguigo en Juchitán de Zaragoza..
El corte de energía eléctrica sorprendió a los asistentes justo al inicio del evento, dejando sin luz al recinto donde se realizaría la tradicional festividad. Sin embargo, lejos de suspenderse, la fiesta continuó entre risas, música y baile en plena penumbra.
SONES A OSCURAS Y CELEBRACIÓN CON IDENTIDAD
Con el temple que caracteriza al pueblo zapoteco, los invitados decidieron no permitir que el apagón opacara la tradición. Al compás de los sones istmeños, muchos comenzaron a bailar incluso sin iluminación, creando un ambiente de mística y resistencia cultural, donde la música fue más fuerte que la adversidad.
Minutos después, la energía fue restablecida, lo que provocó aplausos espontáneos y aún más alegría entre los presentes, que ya habían demostrado que la fiesta no depende de la luz, sino del corazón comunitario.
UN RECORDATORIO DE LA FUERZA CULTURAL EN EL ISTMO
La Vela Pineda es una de las tantas velas tradicionales que se celebran en Juchitán, cargadas de simbolismo, identidad, colorido y profundo sentido comunitario. Este pequeño incidente eléctrico no hizo más que reafirmar la fuerza cultural y el espíritu festivo de una comunidad que sabe enfrentar las adversidades con orgullo y dignidad.
CUANDO EL PUEBLO QUIERE FIESTA, LA FIESTA SIGUE
Lo ocurrido en Juchitán es más que una anécdota curiosa: es una muestra de cómo las tradiciones vivas resisten incluso sin energía eléctrica. Porque para el Istmo, una vela no se mide por las luces que la iluminan, sino por la llama que enciende en el corazón de su gente.










































