La creciente preocupación sobre la posesión de armas de fuego en hogares de Estados Unidos se ha incrementado una vez más tras un trágico incidente. Un niño de 11 años en Florida disparó a su amigo de 13 años tras una pelea por una bolsa de papas fritas. El incidente tuvo lugar la noche del pasado 2 de octubre cerca de un campo deportivo en Apopka, a escasos kilómetros de Orlando.
Según los informes, después de un entrenamiento de fútbol, el menor de 11 años compartió unas papas fritas con el niño de 13 años, quien posteriormente se las arrebató. Enfurecido, el niño más joven fue al automóvil de su madre, tomó una pistola de la guantera y confrontó a su amigo, disparándole. Un tercer niño que estaba con la víctima también fue herido en el altercado.
A pesar de la gravedad del acto, los testigos describieron al agresor como un niño “muy tranquilo y tímido”. Las autoridades, que detuvieron al niño poco después del incidente, notaron que estaba visiblemente angustiado, llorando y reiterando que no sabía dónde estaba el arma ni por qué había atacado a sus amigos. El jefe de la Policía de Orlando mencionó que, dada la falta de antecedentes penales y la edad del niño, es probable que no enfrente cargos por el incidente.
Sin embargo, la madre del agresor enfrentará un juicio. Se la acusará de negligencia por dejar un arma de fuego al alcance de un menor en su automóvil. El caso ha reavivado el debate sobre la posesión de armas y la necesidad de mayores medidas de seguridad y educación para prevenir futuros incidentes trágicos.











































