El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó la orden ejecutiva “Supporting America’s Ranchers”, una iniciativa que busca apoyar a los productores estadounidenses facilitando medidas ante los ataques de depredadores al ganado. La disposición instruye al Departamento del Interior a evaluar, en un plazo de 90 días, si el lobo mexicano (Canis lupus baileyi) y el lobo gris cumplen con los criterios necesarios para reducir su nivel de conservación o ser retirados de la lista de la Ley de Especies en Peligro (ESA, por sus siglas en inglés).
¿QUÉ IMPLICA ESTA MEDIDA PARA LA CONSERVACIÓN DEL LOBO MEXICANO?
La firma de esta orden no autoriza de manera inmediata la caza indiscriminada de la especie. El lobo mexicano se mantiene protegido por la legislación federal, estatus que conserva en EE. UU. desde 1976 y reforzado en 2015 como subespecie en peligro. Sin embargo, la directiva busca modificar los criterios actuales para agilizar la autorización de la eliminación letal de ejemplares que representen un riesgo para los animales domésticos o la seguridad humana:
- Evaluación de criterios de recuperación: Si el Departamento del Interior determina que se alcanzaron los parámetros demográficos y genéticos requeridos, iniciará el procedimiento formal de downlisting (reducir el nivel de protección) o delisting (retirarlo de la lista federal).
- Coordinación con los estados: La Casa Blanca contempla trabajar de forma conjunta con los gobiernos estatales para incentivar la modificación de sus estándares locales y permitir respuestas letales ante ataques al ganado.
- Criterios de remoción actuales: Entre 1998 y 2023, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre (FWS) registró 21 remociones letales controladas, frente a 81 permanentes no letales y 54 temporales. La nueva instrucción busca flexibilidad y mayor amplitud en estas autorizaciones.
POBLACIÓN EN RECUPERACIÓN, PERO EN ESTATUS VULNERABLE
A través del programa binacional entre México y Estados Unidos, la población del lobo mexicano logró evitar la extinción total tras su casi desaparición en la década de 1970. Al cierre de 2025, el FWS estimó una población mínima de 319 ejemplares distribuidos en el suroeste del país (143 en Arizona y 176 en Nuevo México), superando los 286 contabilizados el año anterior.
A pesar del avance, los planes de recuperación establecen que para considerar a la especie fuera de riesgo no basta con alcanzar una cifra puntual; se requiere mantener un promedio constante de al menos 320 individuos durante ocho años consecutivos, cumplir con metas genéticas y asegurar una tasa de crecimiento estable. El análisis de 90 días por parte del Departamento del Interior definirá el futuro legal de esta especie emblemática en territorio estadounidense.









































