Mientras los preparativos avanzan en el Panteón San Miguel, un oficio que ha sido fundamental en esta celebración enfrenta una amenaza creciente: la marmolería. Durante las festividades de Día de Muertos, el trabajo de los marmoleros cobra relevancia especial, ya que ellos son los encargados de crear y mantener las lápidas que honran la memoria de los difuntos. Sin embargo, este sector enfrenta dificultades debido a una demanda que disminuye año con año.
Catalina Sánchez, esposa del maestro marmolero Esteban Ortiz, del taller de marmolería Juquila ubicado frente al panteón, compartió cómo este oficio ha cambiado a lo largo de los años.
“Cuando se aproximan las fiestas de Muertos, hay un ligero aumento en la demanda de mantenimiento y elaboración de lápidas, aunque no como en otros años”, explicó Catalina. Desde 2018, la demanda ha caído entre un 10% y 20% anual. En sus mejores momentos, el taller empleaba hasta cinco trabajadores, mientras que ahora solo cuentan con uno debido a la baja demanda y el incremento de los costos de los materiales.

Catalina destaca que el costo de materiales como el cemento, la varilla y el alambrón crece cada año, encareciendo la producción y afectando la rentabilidad de la marmolería.
“Este trabajo ya no es tan rentable, pero seguimos aquí, sirviendo a la gente que quiere rendir homenaje a sus seres queridos”, afirmó Catalina.
La falta de interés de las nuevas generaciones por aprender el oficio es otro obstáculo para la preservación de esta tradición, pues cada vez son menos los jóvenes que desean involucrarse en el arte de la marmolería.
El maestro Esteban Ortiz, quien ha trabajado en el oficio durante más de 38 años, recibe pedidos de otros talleres debido a su habilidad en técnicas que requieren experiencia y precisión. A pesar de las dificultades, la familia Ortiz sigue dedicándose a este arte, manteniendo vivo el oficio en un taller que continúa operando en prolongación Refugio número 1016, a unos pasos del Panteón San Miguel.
Un futuro incierto, una tradición que persiste

A pesar de los desafíos que enfrentan los marmoleros y los cambios en las costumbres, el Panteón San Miguel se mantiene como un sitio de arraigo cultural, un lugar donde las familias oaxaqueñas encuentran consuelo al recordar a sus seres queridos. En estas fechas, el panteón cobra vida con flores de cempasúchil, velas y ofrendas que adornan las tumbas y nichos. Para los marmoleros, el Día de Muertos representa una oportunidad de mantener viva su labor y de contribuir a esta festividad que es símbolo de la identidad y memoria de Oaxaca.
Así, en medio de una tradición que persiste y un oficio que lucha por sobrevivir, el Panteón San Miguel y la marmolería Juquila continúan entrelazando historias y recuerdos, preservando la memoria de generaciones en un homenaje eterno.








































