En Mazatlán Villa de Flores, las velas amarillas son uno de los productos más esperados durante la temporada de Fieles Difuntos. Su luz representa el camino que, de acuerdo con la tradición, siguen las almas para regresar y visitar a sus familiares durante estas fechas.
En el domicilio de la familia Carrera López, encabezada por don Rubén Carrera, la elaboración de estas piezas se mantiene como un oficio transmitido de generación en generación. Con técnicas tradicionales y herramientas sencillas, la familia prepara las velas que alumbrarán los altares y las visitas al panteón los días 1 y 2 de noviembre.
El proceso comienza con el calentamiento de la cera en una cazuela. Mientras tanto, los pabilos se sujetan a un aro cuadrado que cuelga del techo. Con ayuda de una jícara, se vierte la cera caliente sobre los hilos, una y otra vez, hasta que adquieren el grosor y la forma alargada de las velas.

La producción comienza ocho días antes de las festividades, con el propósito de tener suficientes piezas para los habitantes de la comunidad. Don Rubén aprendió este oficio a los 11 años y, aunque recuerda que su padre era estricto, logró adquirir los conocimientos que ahora comparte con su esposa e hijos, con la intención de que esta práctica continúe en las siguientes generaciones.
“El color amarillo de las velas que se hacen en esta población es una luz más para aquellos que regresan a visitarnos”, comenta don Rubén. Explica que las velas blancas también se utilizan, principalmente para recordar a los angelitos.
La cantidad de piezas depende del tamaño: de un kilo de cera pueden obtenerse cuatro velas grandes, aunque el rendimiento varía según las dimensiones. En una jornada, don Rubén llega a elaborar alrededor de 150 piezas. Los precios también dependen del tamaño, pero las más grandes cuestan 30 pesos, una cantidad accesible para los habitantes de la localidad.

Entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre es común observar a personas que llevan bolsas llenas de velas para entregarlas en distintos hogares, en memoria de familiares, amigos, maestros, abuelos y otras personas queridas que ya fallecieron. Cada pieza se enciende en su honor, ya sea en los altares familiares o durante las visitas nocturnas al panteón.
Este año, la familia Carrera López concluyó su jornada de elaboración el 1 de noviembre y quedó a la espera de que quienes habían realizado sus pedidos acudieran a recoger las velas, uno de los productos más buscados en Mazatlán Villa de Flores durante estas fechas.
Así, entre el calor de la cera y el trabajo de sus manos, don Rubén y su familia mantienen vivo un oficio que forma parte de la identidad de la comunidad y que, cada año, ayuda a iluminar el camino simbólico de quienes regresan para reunirse con sus seres queridos.









































