Antonio A. Morales Sánchez/ Corresponsalía Ing. Alberto Bustamante Vasconcelos
Llegué a la Ciudad de Oaxaca a la edad de ocho años, soy originario de la Ciudad de Tlacolula de Matamoros, Oax., Guis Bac, que en zapoteco del valle que significa “Flor Caída del Cielo”, en la época del Gobierno de Manuel Mayoral Heredia con quien el pueblo tenía serios conflictos ya que lo estaba destituyendo por ser un mal gobernante.
Fui instalado en el Internado de Enseñanza Primaria # 13 Gral. de Div. Ignacio Mejía de educación castrense y en donde después de varias peripecias tuve que adaptarme a dicha disciplina.
De mis muchas vivencias tengo presente el festejo del Día del Niño que para nosotros como alumnos era un día especial, despertábamos como de costumbre al toque de “levante” que el Oficial de Guardia ejecutaba con su corneta, mientras la Banda de Guerra iniciaba su toque de “Diana”.
Para esto el alumnado ya deberíamos haber tendido nuestras camas, hecho nuestro aseo personal y empezar a formarnos en nuestras respectivas secciones y compañía para marchar rumbo al comedor en donde nos esperaba un desayuno especial servido por el personal docente y administrativo a los acordes de las mañanitas que entonaba un conjunto de mariachis.
Al término del mismo se nos ofrecía un festival en el patio de la institución en donde se nos obsequiaba una exquisita nieve oaxaqueña.
Al término del mismo, si coincidía, nos formaban para recibir nuestro PRE, un pequeño monto económico que la federación mandaba cada determinada fecha para su entrega al alumnado, consecuencia de las aportaciones de los padres de familia por nuestra colegiatura que se enteraba a la Secretaría de Hacienda quien posteriormente lo reintegraba en diversos conceptos para el mantenimiento de la institución. En esos tiempos nuestro PRE nos lo entregaban de monedas de plata y también se nos proporcionaban zapatos y uniformes nuevos.
Esto no es más que un breve recuerdo de nuestra niñez, una breve plática entre amigos que nos condujo a nuestros momentos de inocencia, alegría e ilusión reunidos en la infancia y presentes en los seminaristas de hoy.









































