Vivien Westwood, fue una diseñadora británica que incursionó en el mercado de la moda a partir de una idea poco convencional: “compra menos, elije bien y hazlo tú mismo”; sin duda alguna, una firme y retadora invitación a perdurar y una abierta provocación a la sociedad que, en términos de Bauman, sobrevive ante un mundo fluido y cambiante.
La antigua sociedad de Alejandría buscó conformar el mayor y más completo acervo bibliográfico de la tierra conocida; para lograrlo, aquí y allá, por todos los caminos, fueron enviados sus mejores hombres con la única instrucción de buscar en todos los rincones, con cada familia de artistas, jornaleros o nobleza, cuanto texto existiera, ya fueran cuentos, investigación, relato, poesía, novela pues todo era útil para hacer realidad uno de los tesoros más preciados que hayan sido descritos por la humanidad; acervo que durante años se convirtió en el principal atractivo de intelectuales que se instalaron en la enigmática Alejandría; no olvidemos que Cleopatra, hija de Ptolomeo XII, en el año 31 a.C recibió como valioso obsequio por parte de Marco Antonio, 200 mil libros de la biblioteca de Pérgamo, que inmediatamente fueron integrados a la de Alejandría.
El primer mes del año prácticamente ha transcurrido, así es que mantengamos las convicciones encendidas, el ánimo para sostener nuestros sueños más allá de debilidades y amenazas; pensemos en el renacentista Leonardo Da Vinci, quien entre 1503 y 1506, varias veces pintó el retrato de la Mona Lisa (Madonnna Elisabetta, tercera esposa de Francesco Giocondo), con su expresión de ternura desesperada. El rostro no era ordinariamente bello, pero su sonrisa perturbó a los siglos. Leonardo conservó mucho tiempo este cuadro pensando que era el más perfecto y estaba inacabado.
Busquemos motivación en Miguel Ángel, su David es probablemente la estatua más célebre de este mundo; él afirmaba que al esculpir buscaba encontrar al personaje oculto en la piedra. En 1508 por encargo del Papa Julio II, Miguel Ángel empieza a pintar la Capilla Sixtina y ahí permaneció durante cuatro años y aunque tuvo ayudantes para preparar el yeso y el color, afirmaba: “Si estás solo, podrás ser totalmente tú mismo”; al terminar estaba agotado, adelgazado, envejecido, pero seguramente satisfecho de la gran obra protagonizada por el cuerpo humano, la energía, la vitalidad y la vida.
Dejemos de lado la inercia de la prisa cotidiana y tomemos inspiración en historias como éstas; empecemos por disfrutar el esfuerzo diario, las acciones de gentileza, los valores locales y de sus mejores exponentes.
Concepción Villalobos
Corresponsalía “Ing. Alberto Bustamante Vasconcelos”









































