Simón Gollo nace en Venezuela, pero a los 11 años se va a vivir a Suiza. Ahí se forma en el Conservatorio de Música de Ginebra. Con una trayectoria marcada por el constante ir y venir entre Europa y América, el violinista y pedagogo ve a su carrera como una influenciada por ambas latitudes del mundo. También marcada por la idea de apoyar en la formación de la niñez y la juventud, como lo ha hecho a través de la escuela de música Mozarteum de Caracas y del Sistema Nacional para Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela.
La música, esa que le ha llevado por diversos escenarios del mundo (entre ellos del continente americano), le representa un elemento para transformación social, algo que permite “convivir sin resistencias religiosas y políticas”. Y por ello considera que en el mundo no hay más “revolucionarios que los músicos, los creadores, los compositores”. Ejemplo de esto, dice, son Beethoven y Mozart, a quienes adjudica una transformación más evidente que la hecha por el “Che” Guevara, mucho más que la realizada por “el montón de ridículos con una pistola y una metralleta”.
El pasado 8 de julio, Simón Gollo dirigió a la Orquesta Filarmónica de Zacatecas, durante un concierto en el Teatro Fernando Calderón. Este fin de semana, el violinista de ascendencia suiza-venezolana se presenta en el Teatro Macedonio Alcalá, al frente de la Orquesta Sinfónica de Oaxaca, con quien ha trabajado un repertorio que incluye piezas de Wolfgang Amadeus Mozart, Silvestre Revueltas e Inocencio Carreño.
Previo a su presentación, una que espera se repita en próximos meses o años, el fundador y director artístico del festival y academia del Nuevo Mundo (FANM), en Venezuela, habla del potencial de la música, de su relación con el país en que nació, pero también de un discurso político que —piensa— deberían de tener los artistas.
Uno no decide su destino, cuenta Gollo, quien explica que su conexión con Latinoamérica se debe a su sensibilidad por los problemas sociales, y porque hacer un concierto en México tiene tanto o más valor que ofrecer uno en el Carnegie Hall (Nueva York), en El Salvador, en Colombia, Venezuela o Brasil.
De los músicos, aquellos que ve como revolucionarios, el violinista explica que su papel ha sido fundamental en las dictaduras, en contextos de regímenes totalitarios, pues “han tenido que hacer música en ese contexto y dentro de todo brindarle la satisfacción humana y social a cada persona que vaya a un concierto dentro de este contexto”.
También han existido algunos a los que les han pedido hacer música de un tipo, como fue en Rusia durante la guerra en la Unión Soviética, ejemplifica. Sin embargo, en medio de eso el músico ha tenido la capacidad de demostrar que sobre la creatividad no había tal poder.
Pero en esa revolución de la que habla, ¿cómo ha contribuido Gollo? Ayudando a crear orquestas y programas educativos o enseñando, explica quien funge como profesor en la New Mexico State University, NMSU, y director de la orquesta filarmónica de esta institución.
“Pero siempre estoy muy comprometido, para mí estar cerca de la infancia y la juventud, inspirar, ayudar, he ayudado a muchos jovencitos de Venezuela y Latinoamérica a buscar becas, a estar en Estados Unidos, en Europa, en otros países latinoamericanos en busca de su futuro, lo que debe de ser su desarrollo. Eso para mí es un aporte que mi historia y que mi pequeña gran trayectoria les sirva a otros es mi mayor satisfacción”.
AL ENCUENTRO CON LOS OTROS
Junto a la cualidad de transformación social, Simón Gollo dice que la música es un puente para el encuentro con los otros, como lo ha sido con los músicos de la orquesta que dirige este fin de semana.
“Venir para acá y entender el contexto social, lo económico de esta orquesta (la Sinfónica de Oaxaca), me afecta porque quisiera que fuera mejor para ellos. Y si estuviera en mi posibilidad, decirlo, yo quisiera que los entes gubernamentales apoyaran mucho más a sus músicos porque son una vitrina de su exposición cultural (…) pero creo que ser amigos es decir las cosas con respeto y honestidad, me inviten o no me vuelvan a invitar”, cuenta sobre la experiencia con la agrupación que en varias ocasiones ha pasado por crisis y externado sueldos bajos, en comparación con otras orquestas del país y del mundo.
Aunque se dice ilusionado por tocar en el teatro Macedonio Alcalá, Simón Gollo confía en que al volver, en caso de que suceda, sepa que los músicos de la sinfónica tengan mejores condiciones salariales y de trabajo, pues los “músicos que se merecen eso, que se sientan respetados y valorados por su ciudad y por sus instituciones”.
VENEZUELA, SU PAÍS Y SU GOBIERNO
Con su país natal, la Venezuela de la que desde el 2004 han emigrado 2.3 millones de personas (cerca del 7 por ciento de su población) a causa de la crisis política y económica, el violinista reconoce un país esencial en su vida, que le ha dado mucho apoyo y amor, no así el gobierno que califica como narcodictadura.
“Venezuela es un pedacito de tierra que Dios puso en este mundo, y esa relación es maravillosa. Ahora, mi relación con el gobierno de Venezuela, que son cosas muy diferentes, es no hay y no podrá haberla nunca”, enfatiza quien ve a una nación atacada, perseguida y destruida por el régimen de Hugo Chávez y Nicolás Maduro (el primero, presidente del país de 1999 a 2013 y el segundo, desde 2013 a la actualidad).
Del país de las orquestas, que se construyó con un sistema desde hace casi 50 años, percibe a un engaño, a uno más de la historia latinoamericana, pues en nombre de una revolución se dio paso a una crisis que a diario ha llevado a una migración de miles.
“Es un engaño de lo que ha sido la esperanza de los pobres, la lucha ante la corrupción”.











































