Álbumes guardan los recuerdos de Enrique Antonio Perzabal López (Oaxaca de Juárez, 1951), aquellos en los que se mira junto a sus amigos y alumnos, y de los que se desprenden infinitos momentos de alegría, de aprendizaje, de retos, de viajes por todo el país o el extranjero. Fotografías, recortes de periódicos, libros, trofeos y diplomas o reconocimientos dan cuenta de una vida dedicada a la danza, de un cuerpo donde este arte ha pasado factura, pero que no por ello se cansa de cultivar un amor por el arte que conjugó con su profesión de docente.
El vecino del barrio de China, en la ciudad de Oaxaca, ha pasado la mayor parte de sus siete décadas como intérprete, director de un grupo folclórico e investigador y promotor de la danza folclórica.

Desde la sala de su casa, Perzabal evoca su infancia, el tercer hijo de cinco, de quien a sus cinco años y como danzante de la Pluma pisó por primera vez el majestuoso Teatro Macedonio Alcalá. Años después, como estudiante del Centro Regional de Educación Normal de Oaxaca (CRENO) y de su club de danza, bailó en incontables foros de su entidad y el país. En ese entonces, participó en el grupo de la “Casa de la Asegurada del IMSS”.
Entre 1978 y 1981, como miembro y director del grupo folclórico Huaxyacac, proyectó su quehacer en el país y en el extranjero, en países como Francia, donde el grupo acudió en 1983. Este grupo era “el oficial” de la entonces Dirección Federal de la Educación (ahora Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca); además de contarse entre los más antiguos del estado y por ser el primero del estado en presentarse en Japón y Corea. Bajo su dirección, estuvo dos meses en festivales de Francia, en compañía de la banda de música Alma Yalalteca.

Enrique fue docente de primaria por 45 años en escuelas de las regiones Costa, Mixteca, Sierra Sur y Valles Centrales, pero también acumuló 35 años como profesor de educación especial. Esos años de docencia transcurrieron casi a la par de otra trayectoria: la de la danza folclórica. Pero es esta última en la que sigue, aunque ya no como ejecutante sino como miembro (desde 1973) del Instituto de Investigación y Difusión de la Danza Mexicana. La asociación —explica Perzabal— es la más grande que reúne a maestros de danza del país.
Un talento y pasión desconocidos
“La verdad no sabía que tenía facilidad para eso”, confiesa el maestro Enrique, quien por recomendación de sus profesores de la Normal se inició en la danza. Ser parte del club escolar le permitió darse cuenta de una habilidad hasta entonces desconocida, pero en la que encontró una de sus pasiones y por las que siguió una formación en diversas instituciones como la Casa de la Cultura Oaxaqueña o el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).
“En la danza he andado por gusto y por aprender sobre las danzas y costumbres de México”, cuenta el oaxaqueño, quien además de haber sido parte de diversos grupos folclóricos y ser reconocido por el gobierno estatal también ha asesorado a grupos de otras partes del país, entre ellos la academia de danza mexicana del INBA y el ballet folclórico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

A sus 70 años, más allá de un entretenimiento, Enrique ve en la danza “parte de su vida”, pero también una manifestación fundamental en las culturas de Oaxaca. “No hay un estado que le dé tanta importancia a la danza como en Oaxaca porque aquí todo el año bailamos”, explica el también fundador del grupo folclórico Teotzapotlán (surgido tras la división del Huaxyacac), que existió entre 1982 y 2006.
De este último grupo, Enrique destaca la participación en comerciales para Japón y Francia, además de ser parte de los promocionales del programa televisivo “México, magia y encuentro”. Asimismo, el haberse presentado en incontables ocasiones en el hotel Monte Albán, en la capital oaxaqueña, con una programa donde la danza fue muy apreciada por los visitantes, de quienes recuerda que buscaban algo distinto a los ballets.

A la fecha, Perzabal acumula varios reconocimientos de instituciones y entes gubernamentales, tanto de Oaxaca como del país y del extranjero. Algunos de ellos, el de sus más de 25 años de trayectoria en la danza, que le dio el entonces Instituto Oaxaqueño de las Culturas, en 1996. Pero también sigue desarrollando investigaciones en torno a las danzas del estado. A los trabajos realizados sobre la danza de jardineros de Zimatlán o de las danzas y bailes de Yalalag, también sigue una en colaboración con otros compañeros sobre la danza de “Chilolos” de San Miguel Talcotepec, Juxtlahuaca.
Para Enrique Perzabal López, el bailar e investigar sobre las danzas de Oaxaca y del país le permite reconocer que detrás de una presentación del momento hay una gran labor comunitaria u organización, y que esta también debe ser conocida por los intérpretes y públicos. “La mayoría de la gente quiere ver el espectáculo y con eso se conforma, pero como maestro de danza o bailarines tenemos que saber qué hay detrás de todo eso”.













































