POR MISÁNTROPO
La noche del sábado 12 de diciembre, la Biblioteca Andrés Henestrosa fue sede de la presentación de Manifestación de silencios, poemario de César Dite. El acto, lejos de limitarse a una lectura protocolaria, se convirtió en un ejercicio de reflexión colectiva sobre el silencio como experiencia estética, vital y poética.
Acompañaron al autor el escritor y crítico de arte, Edgar Saavedra, el editor y periodista Osbaldo Gabriel Iriarte y el artista plástico Raúl Herrera. La mesa propuso un diálogo plural que osciló entre la crítica literaria, la interpretación filosófica y la experiencia personal del lenguaje poético, con el silencio como eje articulador.
EL SILENCIO COMO ORIGEN Y DESTINO DE LA POESÍA

En su intervención inicial, Edgar Saavedra ofreció un preámbulo teórico y sensible sobre la poesía y el oficio del poeta. Más que definir la obra, trazó andamiajes interpretativos para internarse en ella. Su lectura de Manifestación de silencios subrayó una constante: la poesía como aquello que surge de lo que no sirve para la supervivencia biológica, pero resulta esencial para la existencia humana.
Saavedra vinculó el silencio con el erotismo, el amor y la muerte, elementos que atraviesan el libro de Dite de manera recurrente. En su análisis, el silencio aparece como un caos previo y posterior a la palabra, un espacio donde el deseo se insinúa y donde la muerte no es ajena al acto amoroso. Esta lectura, intensa y a ratos torrencial, enfatizó el carácter abismal del poemario: cuerpo, vacío, memoria y tiempo confluyen en una poética que no busca respuestas cerradas, sino insistir en la pregunta.
Desde una mirada crítica, la exposición también señaló los riesgos de esa apuesta: imágenes excesivas, una simbología que por momentos roza la saturación y una retórica que desafía al lector con su densidad. No obstante, Saavedra defendió esa misma intensidad como parte constitutiva de una poesía que se juega en el límite.
UNA POÉTICA DEL CALLAR: LA LECTURA CRÍTICA DE IRIARTE

Por su parte, Osbaldo Gabriel Iriarte centró su participación en una lectura más sistemática del silencio como núcleo formal y conceptual de la obra. Para el editor y periodista, Manifestación de silencios no utiliza el silencio como ornamento, sino como sustancia activa del lenguaje poético.
Iriarte destacó cómo las pausas, los cortes de verso y los espacios tipográficos construyen una atmósfera meditativa que obliga a leer con lentitud. En este sentido, la poesía de Dite se distancia del exceso verbal y propone un decir contenido, donde cada palabra pesa por lo que dice y, sobre todo, por lo que omite.
El silencio, señaló, también es el territorio del deseo: un erotismo sugerido más que explícito, que se filtra entre líneas y encuentra su fuerza en lo no dicho. Asimismo, subrayó la dimensión metafísica del libro, donde el silencio aparece como una vía de acceso a preguntas ontológicas sobre el ser, el tiempo y la memoria.
ENTRE LA EXPERIENCIA ESTÉTICA Y LA APUESTA FILOSÓFICA
Ambas lecturas coincidieron en reconocer que Manifestación de silencios exige un lector activo. No se trata de una poesía complaciente ni inmediata, sino de una escritura que apuesta por la incomodidad, la pausa y la introspección. El silencio funciona aquí como herida, refugio y límite del lenguaje.
Desde una perspectiva crítica, el libro se inscribe en una tradición poética que dialoga con lo místico y lo existencial, pero también corre el riesgo de cerrarse sobre sí misma. Su fuerza reside en esa tensión: entre la palabra que quiere decir y el silencio que la desborda.
EL SILENCIO Y EL LADO OSCURO: LA REFLEXIÓN DE RAÚL HERRERA

En su intervención, el maestro Raúl Herrera llevó la conversación hacia el territorio de los sueños y sus zonas más inquietantes. Desde esa experiencia onírica —dijo— surgieron preguntas sustanciales que lo condujeron a una lectura distinta del silencio, no como vacío neutro, sino como un espacio históricamente asociado a lo oscuro, a lo negado.
Herrera planteó que, desgraciada o afortunadamente, el silencio ha sido vinculado con el “lado oscuro” de la existencia, una asociación heredada de una visión moral que identifica al diablo con la maldad, la negatividad y la ausencia de luz. Sin embargo, subrayó que esta idea responde más a una construcción cultural que a una reflexión profunda. En ese sentido, propuso entender al diablo no solo como encarnación del mal, sino como símbolo de la negación y del silencio mismo.
A partir de la imagen de un Dios concebido como único poseedor de la belleza, la bondad y la positividad, explicó Herrera, todo aquello que no encaja en ese ideal es desplazado hacia la sombra. El silencio, lo oscuro, lo incómodo y lo ambiguo quedan relegados a una dimensión negativa, cancelando otras posibilidades de sentido. Esta operación simbólica —añadió— no elimina lo oscuro, sino que lo oculta, lo vuelve incomprendido.
Desde esta perspectiva, la reflexión de Herrera dialogó con Manifestación de silencios al reivindicar el silencio como un territorio necesario, incluso incómodo, que permite cuestionar las dicotomías simplistas entre luz y sombra, bien y mal. Más que un lugar de condena, el silencio aparece así como un espacio de discernimiento, donde lo negado puede volver a pensarse y, eventualmente, resignificarse.
CÉSAR DITE: TRAYECTORIA Y CONTEXTO

César Dite, nombre artístico de César Jiménez García, es sociólogo, ensayista y poeta. Ha publicado en diversas antologías y suplementos culturales en Oaxaca, así como ensayos en revistas académicas. Fue reconocido con el Premio Curarte es Guelaguetza 2020 por el video Microficciones de la Pandemia.
La presentación de Manifestación de silencios marca un momento significativo en su trayectoria literaria y antecede la próxima edición de un libro bilingüe zapoteco-español, proyectado para 2026.
UN CIERRE EN CLAVE DE SILENCIO
La velada concluyó sin estridencias, fiel al espíritu del libro. Más que aplausos, quedó la sensación de haber asistido a una experiencia donde la poesía no buscó explicar el mundo, sino escucharlo. Manifestación de silencios se presentó así no solo como un poemario, sino como una invitación —exigente y necesaria— a habitar el silencio en tiempos de ruido constante.










































