A raíz de la denuncia pública y penal de Orlando Ramírez, un ciudadano que también denunció penalmente la agresión sufrida el pasado 1 de julio presuntamente por parte de un trabajador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el instituto trató de deslindarse del hecho, al asegurar que el personal de seguridad y custodia no cuenta con armas para desarrollar su trabajo.
Sin embargo, dijo que como parte de las investigaciones correspondientes colaborará en el ámbito de sus atribuciones.
A través de una tarjeta informativa, el Centro INAH aprovechó para llamar a respetar los horarios y las disposiciones de visita para preservar la seguridad de visitantes y del patrimonio.
De acuerdo con el relato del afectado, la agresión verbal y amenazas con arma (pistola) fueron por parte de un hombre con un chaleco que traía el logotipo del INAH.
Ramírez recordó que los hechos ocurrieron el 1 de julio pasado cuando se ejercitaba en el polígono de la zona arqueológica de Monte Albán, en Oaxaca, luego de tomar fotos y videos del paisaje.
“En ese momento llega una persona y me grita que deje de hacerlo. Guardo mi celular para continuar con mi camino y me da alcance. De una forma prepotente me exige que le entregue el celular, que va a borrar todo lo que haya grabado y las fotos que tomé. Le digo que solamente voy de paso y no iba a generar ninguna otra molestia. Él saca su pistola y me dice que no está jugando, que le entregue mi celular”.
Tras un intercambio de palabras, el sujeto toma el radio y llama a la Guardia Nacional, según el relato de Orlando, quien explica que el agresor le dijo que iba a ser llevado a las oficinas administrativas del INAH, pero lo toma de la mochila y lo derriba.
De acuerdo con el afectado, la persona que lo agredió e intimidó con un arma traía una prenda con logotipo del INAH y tenía aliento alcohólico, por lo que también esperaba que la llegada de la Guardia Nacional fuera lo mejor.
El forcejeo con el supuesto custodio de la zona arqueológica fue durante unos 10 minutos, tras lo cual, a raíz de un descuido, Orlando logró liberarse y correr rumbo al territorio de Xoxocotlán, aún por el cerro. Ahí hace una llamada para pedir ayuda policial, posterior, llegan elementos a bordo de una motocicleta y les explica lo ocurrido.
Sin embargo, estos dicen que no pueden subir a la zona por ser área federal.
Una vez en su casa, decide ir a poner su denuncia en la Fiscal General del Estado de Oaxaca, pero ésta lo remite a la Fiscalía General de la República.








































