Rosa Elvia Leyva Antonio tenía seis años de edad cuando su madre le enseñó a “rellenar” los manteles. En esos textiles, la ahora joven iba plasmando varias figuras valiéndose del punto de cruz. “Hasta los 15 años aprendí (a tejer en) el telar de cintura”, dice quien ya cuenta con las habilidades para confeccionar su propio huipil, uno de gala, como el que porta mientras platica la forma en que las mujeres de su comunidad, Rancho Grande (San Juan Bautista Valle Nacional),se heredan los saberes e incluso las prendas.
Tanto a Rosa como a Inés Carvajal Pérez (también de Rancho Grande), aprender el oficio es parte de su identidad, de un saber colectivo de la Chinantla, y el cual exigen tenga la protección de las leyes, para evitar más plagios. Hace unas semanas, la empresa Star Mela (de Inglaterra) fue señalada por copiar un huipil de Valle Nacional, como el de estas artesanas, específicamente por el diseño del árbol de la mujer adulta, que suele colocarse en los costados de la prenda.
En su página de internet, la empresa ofrece una túnica similar a la hecha en este municipio (tanto en su versión de gala como en una que solía usarse para el casamiento, y que incluso puede observarse en el baile de Flor de Piña, en los Lunes del Cerro).El precio de la prenda, Star Mela lo establece en 299 euros (145.5 en recientes fechas, por oferta).
Con costos de entre 33 y 150 euros, la marca londinense vende estas y otras prendas, con diseños como los de Valle Nacional, Oaxaca, o de Chiapas. El caso se suma a los hechos en últimos años a otros textiles de comunidades del estado: Santa María Tlahuitoltepec, San Antonino Castillo Velasco y San Juan Bautista Tlacoatzintepec.
Del plagio de Star Mela, dado a conocer hace algunas semanas, las artesanas esperan la atención de las autoridades, a través de leyes para una denominación de origen u otro mecanismo. Sin embargo, señalan que su temor ya venía de tiempo antes, por lo que en junio pasado expusieron su problemática a Susana Harp, entonces candidata a senadora del país por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).
En un oficio con fecha de 18 de junio, se dirigían a los tres candidatos del partido a las diputaciones local y federal, y para senadora. Ahí les planteaban los constantes atropellos a su cultura, de parte de personas ajenas a ella y extranjeras “que vienen a estos lugares con el objetivo de copiar nuestro producto artesanal, como el caso de nuestros huipiles”. Asimismo, solicitaban a los candidatos proponer “la construcción y operación de la ley que proteja nuestra artesanía textil”. El objetivo, refieren los cuatro grupos de artesanas (Flor de la Chinantla, Cerro Cangrejo Grande, El Árbol de la Vida y Manos Chinantecas) es evitar el plagio de los mismos, pues se trata de un conocimiento ancestral que no puede ser elaborado “por las frías máquinas, en serie”.
UN CONOCIMIENTO COMPARTIDO
En Rancho Grande todas las señoras elaboran textiles: “las que no hacen el telar de cintura hacen el bordado”, relata Inés. Consiste, explica, en un trabajo laborioso que va desde tomar medidas, tejer los tres lienzos y hacer los brocados, unir las piezas con un diseño que simula una víbora conocida como “coralillo e incluso contar los puntos para las figuras a agregar. Ella, que porta un huipil de más de 65 años de antigüedad (usado por su suegra para casarse) se siente orgullosa al portar una prenda que hace varios años no era tan valorada.
“Hoy en la actualidad se empieza a valorar lo que nuestros ancestros nos han dejado, por eso empezamos a inculcarle a nuestras hijas el valor que tiene nuestro textil, nuestro bordado”, agrega la artesana, quien al igual que sus compañeras espera que las nuevas autoridades atiendan su petición, aunque reconoce que tomará tiempo, el necesario para dialogar con las diferentes instancias y grupos de artesanos.











































