Estar y no con mi familia era tomar el papel y dibujar: Rolando Sigüenza
Oaxaca
La Capital Los Municipios
El Imparcial del Istmo El Imparcial de la Costa El Imparcial de la Cuenca
Nacional Internacional Súper Deportivo Especiales Economía Estilo Arte y Cultura En Escena Salud Ecología Ciencia Tecnología Viral Policiaca Opinión

Arte y Cultura

Estar y no con mi familia era tomar el papel y dibujar: Rolando Sigüenza

El artista oaxaqueño rememora su vida y trayectoria, en las que aprender la lengua de señas lo hizo sentirse más libre, aunque reconoce que aún hay dificultades para que esta sirva de comunicación con quienes practican un idioma oral

  • Estar y no con mi familia  era tomar el papel y dibujar: Rolando Sigüenza
  • Estar y no con mi familia  era tomar el papel y dibujar: Rolando Sigüenza
  • Estar y no con mi familia  era tomar el papel y dibujar: Rolando Sigüenza
  • Estar y no con mi familia  era tomar el papel y dibujar: Rolando Sigüenza

A Rolando Sigüenza le encanta bailar y suele hacer poses como las de los ángeles que plasma en sus cuadros. También sonríe, y mucho. Y no duda en usar su celular para comunicarse con quien tiene a su lado y desconoce ¿Cómo te llamas?, se lee en la pantalla de la que luego borra los caracteres para dejar un espacio en el cual escribir la respuesta. Aunque su idioma es la lengua de señas mexicana, el artista emplea otros recursos para entablar el diálogo. Sabe, y lo remarca minutos más tarde, que pocas personas se interesan en aprender esta lengua como sí suele pasar con el inglés o el francés.

Pero para saber esto, es su intérprete y representante, Isaac Hernández, quien lo traduce. Él lleva la lengua de señas y algunos sonidos de Rolando al idioma español. Es así como transcurre la entrevista en la que el autor nacido en Oaxaca comparte algunos aspectos de su vida.

Rolando es una de las casi 700 mil personas que hasta su último censo el Instituto Nacional de Estadística y Geografía contaba como aquellas con alguna dificultad auditiva. A él, una fiebre hizo que perdiera tal sentido con apenas siete meses de edad. Y aunque ha tratado de llevar una vida como cualquier persona, reconoce que han existido obstáculos.

¿Fue complicada la educación escolar por su condición auditiva?
—Sí, pero yo estuve en una escuela para personas sordas donde nos enseñaron a oralizar. No usábamos la lengua de señas, ahí estaba prohibida, así que teníamos que aprender a usar la voz.
¿Cómo fue esa experiencia?
—Muy difícil. Mi familia me metió para que yo pudiera comunicarme, pero entendieron que mi idioma es la lengua de señas. Mi familia está acostumbrada a entender mi voz, pero fuera es difícil porque mi tono de voz es diferente. Hasta los 19 años fue que aprendí lengua de señas. Fue en secreto, mi mamá y mi papá no sabían. Al final, cuando la aprendí me sentí más libre, empecé a divertirme más con mis amigos, la comunicación era más fácil. Ya después mi mamá y mi papá comprendieron que para mí era importante usar la lengua de señas. Ahora mis sobrinos la están aprendiendo para poderse comunicar conmigo. Todos están aprendiendo.

¿Sus hermanos y padres la aprendieron?
—Saben el abecedario y a veces se comunican con eso, pero usan más la voz conmigo y yo puedo leer sus labios.

¿Y cómo vienen las artes a ser para usted un medio de comunicación o de expresión?

—Para mí es importante que personas como yo podemos romper barreras, podemos seguir adelante y que no nos vean como sordomudos, al llamarnos así nos hacen menos. Yo soy sordo, pero no soy mudo. Entonces, quiero enseñar a la gente que se puede seguir adelante y ser un ejemplo para mí y para quien quiera aprender, se puede tener una vida bien, aprendiendo cómo se hace. Es importante que nos den un lugar no como personas discapacitadas o diferentes; simplemente no escuchamos y eso no nos hace diferente de otros.
En su carrera como pintor, Rolando reconoce dos influencias importantes: sus abuelas, una que vivía en Oaxaca y otra en la Ciudad de México. Al no poder escuchar, señala que fueron ellas quienes le enseñaron mucho y que su aprendizaje fue a partir de la vista. “Todo lo que aprendí de la cultura de Oaxaca y de la Ciudad de México fue porque lo viví con ellas siendo niño”. Pero también comparte que puede hacer cosas como cualquier otra persona, pues tuvo la suerte de que su familia lo apoyara.
Como artista plástico, reconoce que al principio la comunicación con la galería que lo representa en la ciudad de Oaxaca fue difícil, pero ahora hay comodidad, apoyo y entendimiento.

¿Cómo se aproxima a las artes? ¿Hubo un ambiente en la familia que lo condujo a ello?
—Fui yo solo, empecé a tomar mi lápiz y mis hojas. Empecé a crear mis propias historias a partir de estos dibujos, desde los cinco años de edad. La comunicación con mi familia era difícil, ellos platicaban y mi forma de estar con ella y no estar era tomar una hoja de papel y ponerme a dibujar. Después fui a estudiar al taller del maestro Luis Beltrán, en Coyoacán, Ciudad de México. Luego vine a la ciudad de Oaxaca donde estudié en el Taller Rufino Tamayo y con el maestro Rodolfo Morales. Estuve alguna vez en una de las clases del maestro Toledo. Mi maestro al que recuerdo con mucho cariño fue Juan Alcázar. De mis compañeros de ese tiempo son Rolando Rojas, Fernando Andriacci y otros.
De ese tiempo de enseñanzas, con menos de 20 años de edad, Rolando recuerda anécdotas como aquella en una clase de Alcázar, quien le pedía leer sus labios. Sin embargo, en una ocasión, Rolando le dijo: “sí, pero muévete el bigote, si no, no puedo leerte”. Fuera de esos momentos, aquel periodo lo rememora con gran alegría, pues nunca se sintió discriminado.

¿Cómo empieza a forjar sus intereses en la pintura, lo que plasma en su obra?
—Para mí es importante representar la vida a partir del árbol y el sol. Yo no podía escuchar la misa ni el catecismo, y por eso los ángeles son para mí el entrar a una iglesia y observar los retablos; los ángeles tienen muchos movimientos corporales que para mí son una forma de comunicación natural.

También crea escenas o elementos de la vida diaria, como lo que se ve en una de las columnas.
—Sí, esto es un mercado de flores como para el Día de Muertos, hay una iglesia, personas orando. Las familias son humildes, pero es la cultura que vivimos.

¿Recrea a México como país o hay especial interés en Oaxaca?
—Antes, muchos de mis temas estaban centrados en Oaxaca, pero ahora que vivo en la Ciudad de México empiezo a integrar elementos citadinos. Sigo manteniendo mi propio estilo, pero experimento con otras cosas que vivo.

¿Cómo explicaría o definiría su estilo?
—La veo como un realismo fantástico. Son sueños en los que tengo perritos; en la vida real no tengo, pero en mi obra son los únicos que pueden ver a mis amigos los ángeles. Hay personas en mi obra, pero ellas no pueden ver a los ángeles. Es un juego de comunicación de quién puede ver y quién no. Las personas a veces no nos preocupamos por cuidar los árboles y los ángeles siento que sí los cuidan, por eso crecen y son tan frondosos, y los ángeles siempre se van a mover frente al sol, van a llegar a él. Para mí el sol es una forma de ver a Dios.

¿Cree en algún ser o poder superior a lo humano?
—Sí, para mí es importante porque no sé dónde están quienes murieron, si con Dios o no, pero entiendo que ahora están en el cielo ¿Cuál? No sé ¿Con quién? No sé. De mis abuelas y papá que ya murieron, para mí es una forma en la respeto lo que me enseñaron.
En su última exposición, presentada en la Galería Arte de Oaxaca a principios de marzo, Sigüenza reunió una veintena de piezas, entre acuarelas y óleos, ya sea en cuadros que cuelgan de las paredes o columnas como las que aprendió a hacer con Rodolfo Morales.
El año pasado, expuso en Chicago y en Nueva York, en Estados Unidos. Además de impartir un taller en San Francisco para más de 400 alumnos, con quienes creó un gran mural. Esa experiencia la comenta como algo muy grato, en especial porque alude a la lengua de señas, pues sus estudiantes también fueron personas como él, que se comunican con este idioma no oral, y a quienes también motivó para quitarse sus miedos y seguir aprendiendo.

¿Qué le diría a un país como México en donde se suele tener la idea del español como lengua oficial y se omiten a otras 68 lenguas orales y la de señas?
—Aquí quieren que las personas sordas a fuerza aprendan a oralizar y ellas no quieren aprender. Es un poco difícil, culturalmente, porque los papás quisieran incluirnos en el mismo mundo, y no es así. Ese es el reto. Estados Unidos es muy diferente a México. Allá es más avanzado en el tema de la lengua de señas y aquí en México esta lengua se considera menos que otra. Para personas como yo la lengua de señas es un idioma, pero la gente no me entiende porque es mi idioma. Por ejemplo, si tú sabes hablar inglés, hiciste el esfuerzo para hablar otro idioma. Y sería bueno que todos hiciéramos el esfuerzo de aprender lengua de señas. Nuestras familias tienen que aprender a no escondernos, a no hacernos menos. Al contrario: empujarnos a seguir adelante.