El silencio pesaba más que el viento frío que bajaba desde el cerro. En el panteón de San Martín Mexicápam, familiares, amigos y un pequeño niño que aún no termina de entender la ausencia, acompañaron el lunes 19 de enero el último trayecto de Mónica Itzel R. L. y Mario Alejandro J. R., la pareja que perdió la vida en un brutal accidente de motocicleta en la carretera vieja a Monte Albán.
Los féretros salieron desde la funeraria Núñez Banuet después de una misa de cuerpo presente. Afuera, el llanto se mezclaba con reclamos al destino, al alcohol, a la velocidad y a esa carretera que tantas veces ha cobrado vidas. Entre murmullos, se escuchó también el nombre del pequeño que quedó huérfano, aferrado al brazo de sus familiares, mirando cómo se alejaba la última oportunidad de volver a ver a sus padres.
LA TRAGEDIA EN LA CURVA
Eran los últimos minutos del sábado cuando Mónica y Mario regresaban de una fiesta. Tomaron la motocicleta como siempre, confiados, sin imaginar que esa sería la última vez que rodarían juntos.
Al pasar la entrada del fraccionamiento Colinas de Monte Albán, todo se volvió oscuridad y derrape. Según el reporte, el conductor perdió el control al tomar la curva; la moto patinó, se arrastró varios metros y terminó chocando de frente contra una camioneta Ford EcoSport cuyo conductor, lejos de auxiliar, se dio a la fuga abandonado su unidad en el lugar y dejando la escena a la suerte de los vecinos que escucharon el estruendo.
Paramédicos de la Brigada Lobos, al mando de Daniel Núñez, fueron los primeros en llegar. No había más por hacer: ambos habían muerto ahí mismo, en el pavimento frío, entre los restos retorcidos de la motocicleta. Policías estatales y viales acordonaron la zona, mientras la Fiscalía General del Estado tomó conocimiento.

SOMBRAS DEL PASADO
Mario Alejandro, quien en vida fue integrante de un grupo porril de la UABJO, arrastraba un historial de señalamientos, incluyendo un incidente armado en la Facultad de Derecho. Historias que hoy salieron entre comentarios al paso, pero que quedaron opacadas por lo único que importaba en ese momento: una familia rota y una vida que terminó demasiado pronto.
UN ADIÓS QUE CALA
Entre flores blancas, música tenue y el eco de pasos sobre la grava del panteón, la pareja fue despedida una última vez. No hubo discursos largos, sólo el dolor inevitable que dejan las muertes inesperadas.
Un accidente más en la carretera a Monte Albán, una tragedia repetida, pero esta vez con nombres, con un niño sin padres, con una comunidad que volvió a ver cómo la vida puede terminar con un solo derrape. Descansen en Paz.






































