A sus 97 años, Otto Kernberg no habla desde la teoría abstracta. Habla desde la experiencia histórica y clínica. Sobreviviente del nazismo, referente mundial en el estudio de los trastornos de personalidad y de los llamados “líderes malignos”, el psiquiatra advierte que existen paralelismos psicológicos inquietantes entre el fenómeno político que encarna Donald Trump y los liderazgos autoritarios del siglo XX.
Kernberg, quien tuvo que huir de la Alemania nazi siendo niño, sostiene que el contexto actual en Estados Unidos muestra señales claras de regresión colectiva:
“Trump dice abiertamente que no es presidente de todos los estadounidenses, sino solo de los republicanos. Eso es exactamente lo que caracteriza a las dictaduras”.
EL MIEDO COMO MOTOR POLÍTICO
Desde la psicología de masas, Kernberg explica que cuando amplios sectores sociales viven bajo estrés, miedo e impotencia, tienden a comportarse de manera regresiva. En ese escenario, emerge la figura del “líder fuerte”, alguien que promete orden, protección y grandeza.
“Cuando un gran grupo cae bajo un elevado nivel de estrés y miedo, desarrolla un comportamiento infantil y dependiente”, afirma el psiquiatra.
Esa regresión facilita la aceptación de discursos simplistas, confrontativos y excluyentes, incluso cuando están basados en mentiras.
NARCISISMO MALIGNO Y POLÍTICA
Kernberg identifica en Trump rasgos propios de lo que denomina “narcisismo maligno”: una combinación de grandiosidad, agresividad, paranoia y ausencia de culpa. Aunque aclara que no puede hacer un diagnóstico clínico sin evaluación directa, subraya que como figura pública Trump exhibe estos patrones de manera consistente.
“Se siente rodeado de enemigos, persigue a todos los que lo critican y no le importa mentir si eso le permite ganar”, señala.
Para Kernberg, lo más preocupante no es solo el líder, sino la relación simbiótica que establece con sus seguidores, quienes ven en la mentira una forma de valentía política.
PARALELOS HISTÓRICOS Y LÍMITES
El psiquiatra reconoce diferencias claras entre Trump y Adolf Hitler, especialmente en el grado de violencia directa y sistemática. Sin embargo, advierte que los mecanismos psicológicos que los rodean son comparables.
“Estos son patrones similares al entusiasmo nacionalsocialista de Hitler”, afirma, refiriéndose a la idealización del líder, la negación de la realidad y la identificación de enemigos internos. En su análisis, el asalto al Capitolio en 2021 representó “una rebelión abierta contra la sociedad democrática”.
UNA OPOSICIÓN QUE NO ENFRENTA EL PROBLEMA
Kernberg también critica la tibieza de la oposición política en Estados Unidos. A su juicio, el miedo a confrontar a líderes autoritarios los fortalece.
“El miedo de los demás anima a una persona como Trump”, asegura.
Sostiene que solo una oposición firme, basada en los principios del liberalismo democrático, puede contener este tipo de liderazgos. La falta de respuestas claras, advierte, deja el terreno libre para la consolidación de dinámicas autoritarias.
EL MAL, LA RESPONSABILIDAD Y EL FUTURO
Para Kernberg, el mal no es solo producto de circunstancias históricas o sociales, sino también de individuos que encuentran en el odio una fuente de poder. Aun así, se muestra agradecido por su vida y por haber sobrevivido a uno de los periodos más oscuros de la humanidad.
“Si tuviera que morir ahora mismo, lo haría en paz”, afirma.
Su advertencia, sin embargo, permanece vigente: las democracias no colapsan de un día para otro, sino cuando el miedo, la regresión colectiva y el culto al líder sustituyen a la responsabilidad ciudadana.










































