A Jacobo le detectaron diabetes hace cinco años y su estilo de vida poco ha cambiado. Toma refrescos a primera hora del día y alimentos ricos en grasa; no hace ejercicio y pesa 80 kilos, con una estatura de 1.65 m.
Con 50 años de edad, Jacobo no acude de manera regular al médico, pese a la visión borrosa y el hormigueo frecuente en los pies que su esposa Maritza asegura que iniciaron hace poco más de seis meses.
La mujer, ama de casa, asegura que su esposo se niega a tratar la enfermedad de manera correcta, repitiendo que “algún día tendrá que morir” y que todo está en la mente.
“En la casa tratamos de comer lo más saludable que se puede desde que supimos de su enfermedad, pero como él trabaja como conductor de taxi desde temprano, muchas veces se para en los puestos de tacos o se la pasa comiendo lo que encuentra en la calle”, señala Maritza, quien está en constante preocupación por la salud de Jacobo, que a la fecha es el sostén de la familia.
PRIMERO, EL SUSTO; LUEGO, EL OLVIDO
Sergio, de 60 años de edad, tuvo diabetes desde los 42 años y proviene de una familia donde todos han tenido la enfermedad: abuelos, padres, tíos y hermanos. Al igual que Jacobo, no prestó atención a su salud ni previno la enfermedad, pese a los antecedentes familiares.
“Pensé que a mí no me pasaría, de hecho, ni pensaba en eso. Cuando me la detectaron, cambié por completo mi alimentación y empecé a hacer ejercicio, pero poco duró, después seguí con mi vida normal, sin preocupaciones. Después tuve que dializarme y ahora acudo tres veces por semana a sesiones de hemodiálisis que no me cuestan nada porque soy derechohabiente del IMSS”.
MAL DESGASTANTE
Sergio reconoce no sólo el desgaste de acudir a las sesiones de hemodiálisis y los gastos que la familia debe hacer en taxis y alimentación, porque cada sesión dura poco más de tres horas y el familiar que lo acompaña debe buscar dónde comer mientras espera.
“Soy de Atzompa y el taxi nos cobra más de 200 pesos. Súmele los alimentos que no son nada baratos”, expresa Sergio, mientras admite estar arrepentido de no tratar la enfermedad a tiempo.
“Me descuidé y lo siento mucho. No por mí, sino por mi familia; son ellos los que deben gastar en la compra de ciertos alimentos, en los pasajes y en lo que requiero que no me da el IMSS. Lamento que no pueda ser un abuelo ágil y que, en vez de disfrutar más la vida, sin preocupaciones, deba estar con la hemodiálisis de por vida”, señala.
En Oaxaca, la diabetes mellitus representa la segunda causa de muerte en la población oaxaqueña, con un aumento considerable en los últimos años, tanto en mortalidad como en morbilidad.
En 2024, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) contabilizó 4 mil 729 muertes por diabetes en Oaxaca, superior a los 4 mil 352 de 2023. De los registros del año pasado, 2 mil 534 casos fueron en mujeres y 3 mil 371 en hombres.
De esta enfermedad en 2025, la Secretaría de Salud federal contabiliza para Oaxaca 14 mil 822 casos nuevos, superior a los 11 mil 534 de 2024 en el mismo periodo. Un aumento de 3 mil 288 casos en un año o 28.5% más respecto al año anterior.
HAY CIFRA NEGRA
Los registros del sector salud señalan un acumulado de más de 70 mil personas que acudieron a unidades médicas por diabetes, pero la cifra negra es de más de 200 mil que padecen la enfermedad y no lo saben.
Jesús, de 70 años, originario de Oaxaca de Juárez, inició con la diabetes desde los 50 años, resultado de una alimentación rica en grasas y azúcares, así como de la falta de ejercicio.
Desde ese momento, aseguró, cambió su estilo de vida y a la fecha lleva una rutina de ejercicio constante y una sana alimentación. “Yo no tengo complicaciones con la diabetes, porque todos los días salgo a correr y cada semana me checo la glucosa. El tener diabetes no quiere decir que ya te vayas a morir, pero sí significa que te tienes que cuidar más. Yo así lo hago y en 20 años no he tenido complicaciones”, aseguró.





































