La violencia volvió a estremecer al Istmo de Tehuantepec este domingo, cuando un grupo de personas armadas abrió fuego contra una vivienda ubicada sobre la calle Francisco I. Madero, en la Séptima Sección de este municipio, a escasos metros de la clínica Salinas, una de las zonas más concurridas del sector.
De acuerdo con reportes preliminares, los atacantes, que se desplazaban en un vehículo, realizaron múltiples disparos antes de retirarse del lugar, dejando tras de sí un mensaje de amenaza escrito en una cartulina. Vecinos alarmados alertaron de inmediato a las autoridades municipales.
POLICÍA MUNICIPAL ACUDE AL LLAMADO
Elementos de la Policía Municipal de Juchitán acudieron al sitio del ataque y confirmaron la existencia de varios casquillos percutidos, además del mensaje intimidante.
El área fue acordonada y se solicitó la presencia de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI) y de peritos de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO), quienes iniciaron las diligencias correspondientes para levantar los indicios y abrir la carpeta de investigación.
INSEGURIDAD QUE NO CEDE EN EL ISTMO
Este hecho se suma a una serie de ataques y ejecuciones que han ocurrido en la región del Istmo este fin de semana, donde el clima de violencia se ha recrudecido pese a los constantes operativos de seguridad estatal y federal.
Habitantes de Juchitán expresaron su temor por el repunte de balaceras y ataques dirigidos, mientras las autoridades locales evitan emitir declaraciones oficiales.
La población exige mayor presencia de la Guardia Nacional y estrategias efectivas que garanticen su seguridad.
Este ataque con mensaje intimidatorio no es un hecho aislado, sino parte de una escalada brutal de violencia que ha sumido al Istmo de Tehuantepec en una crisis de seguridad e impunidad.
CLIMA DE HORROR
En Juchitán, la misma ciudad ahora sacudida por balaceras, el hallazgo de un cadáver descuartizado y calcinado dentro de un mototaxi unas horas antes, evidenció los niveles de crueldad y barbarie que operan con total libertad. La falta de avances en esa investigación prefiguraba la impunidad que permite actos como el de ahora.
En Matías Romero, el asesinato de una pareja ejecutada de manera brutal se suma a este patrón de violencia dirigida y extrema, pintando un panorama regional donde los grupos delictivos actúan sin freno.
La sucesión de estos crímenes —mutilaciones, ejecuciones y ahora ataques con amenazas explícitas— revela el fracaso estrepitoso de la estrategia de seguridad estatal y federal. La población está atrapada entre el fuego de los grupos criminales y la inoperancia de unas autoridades que parecen incapaces de brindar protección o justicia.





































