El escenario geopolítico en América Latina sumó este sábado un nuevo episodio de tensión tras las declaraciones del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, quien sugirió que “estabilizar Argentina” es una prioridad para Washington para evitar —según sus palabras— “otro estado fallido o liderado por China” en la región.
La reacción llegó rápidamente desde la Embajada de China en Argentina, que calificó las afirmaciones del funcionario estadounidense como provocadoras y propias de una mentalidad anclada en la Guerra Fría, reavivando un viejo debate sobre el papel de las potencias globales en América Latina.
UN COMUNICADO QUE NO ESCATIMA EN CRÍTICAS
En un comunicado publicado en sus redes sociales, la sede diplomática china en Buenos Aires respondió sin ambigüedades. Señaló que “América Latina y el Caribe no es el patio trasero de nadie”, en alusión directa a la visión geopolítica que, en su interpretación, refleja Bessent.
El texto, firmado por el embajador Wei Wang, también advierte que la cooperación de China con los países de la región es profunda y no se utiliza como herramienta de presión contra terceros países. Más aún, el comunicado acusa a Estados Unidos de “imponer su hegemonía e interferir en los intereses de los pueblos” de la región.
¿QUÉ DIJO BESSENT PARA DESATAR LA POLÉMICA?
Las declaraciones de Bessent se dieron tras una serie de reuniones con el ministro de Economía argentino, Luis Caputo, en Washington. Durante una entrevista con Bloomberg, el funcionario estadounidense dijo que su país busca evitar que China firme acuerdos “disfrazados de ayuda” para apropiarse de recursos estratégicos en América Latina.
Las palabras del secretario no solo apuntaron contra la presencia china en Argentina, sino que extendieron su preocupación a todo el continente. Según Bessent, tales acuerdos podrían convertir a países del sur global en dependientes de Beijing, bajo una forma de dominación económica encubierta.
COOPERACIÓN O COMPETENCIA: EL TELÓN DE FONDO REAL
El fondo de este cruce diplomático no es nuevo: China ha incrementado significativamente su influencia en América Latina durante la última década, especialmente mediante créditos blandos, inversiones en infraestructura, tecnología, energía y minería. Para algunos gobiernos, se trata de una alternativa viable al endeudamiento con el FMI o a la injerencia estadounidense.
Para Washington, en cambio, esta influencia representa una estrategia expansionista disfrazada de cooperación, como expresó Bessent, quien afirmó que “China busca controlar los recursos mediante acuerdos que parecen inofensivos”.
CHINA NIEGA IMPOSICIONES Y PIDE RESPETO
Desde la embajada china se rechazaron tajantemente estas afirmaciones. Se defendió que sus acuerdos con países latinoamericanos se basan en “respeto, igualdad y beneficio mutuo”, sin imponer “condicionamientos políticos”.
El mensaje concluye con un pedido directo a la administración estadounidense: “Dejen de sembrar discordia y crear problemas donde no los hay”, y aporten de forma genuina al desarrollo de la región si realmente desean colaborar.
UNA DISPUTA QUE REFLEJA UN NUEVO TABLERO GLOBAL
El cruce entre China y EE. UU. va más allá del caso argentino. Es una muestra de que América Latina se ha vuelto nuevamente un escenario de disputa entre grandes potencias, no por razones ideológicas, como en la Guerra Fría, sino por intereses económicos, energéticos y estratégicos.
En medio de esta tensión, países como Argentina se ven forzados a equilibrar relaciones con ambos bloques, mientras enfrentan crisis internas profundas que los hacen vulnerables a influencias externas.










































