La comunidad de San Bartolo Coyotepec, en la región de los Valles Centrales de Oaxaca, cuenta desde esta semana con una nueva Planta de Tratamiento de Aguas Residuales. Una obra que busca revertir décadas de abandono en el manejo del agua y el saneamiento ambiental en el estado.
El proyecto, con una inversión de 14.7 millones de pesos, beneficiará a más de 4,700 habitantes del municipio y zonas cercanas, al impedir que aguas residuales lleguen sin tratamiento a los ríos Atoyac y Salado, Dos afluentes gravemente contaminados que cruzan el corazón del valle oaxaqueño.
DETALLES TÉCNICOS Y APUESTA ENERGÉTICA
La infraestructura, además de su función ambiental, incorpora un módulo fotovoltaico con 110 paneles solares. Lo que permitirá operar el sistema con energía limpia y autónoma, reduciendo costos y emisiones. Tiene una capacidad de tratamiento de 8 litros por segundo, volumen que, de no ser intervenido, terminaría contaminando cuerpos de agua clave para el ecosistema local.
Aunque es una sola planta, forma parte de una estrategia estatal más amplia para impedir que hasta 41.5 litros por segundo de aguas residuales terminen en los ríos sin tratamiento. A esto se suman tres proyectos similares en otras comunidades. Cuyo impacto conjunto puede marcar una diferencia estructural.
EL SANEAMIENTO: UN DERECHO POSTERGADO
Durante años, la gestión del agua y el saneamiento ha sido una deuda olvidada en Oaxaca. Particularmente en comunidades rurales o de alta marginación. Esta planta llega tarde, pero llega, y abre la puerta a que otras localidades exijan el mismo trato.
Especialistas en medio ambiente han señalado que la falta de plantas de tratamiento no solo afecta a los ríos, sino también a la salud pública y la economía local. Enfermedades gastrointestinales, contaminación de pozos y pérdida de productividad agrícola han sido algunas de las consecuencias del abandono histórico de esta infraestructura.
ENTRE LA NECESIDAD Y LA POLÍTICA
Aunque el acto de entrega fue acompañado de declaraciones optimistas por parte del gobernador Salomón Jara y funcionarios del área hidráulica, el reto va más allá de la inauguración: garantizar que esta planta funcione de forma sostenida. Además, que cuente con mantenimiento, operadores capacitados y supervisión constante.
Muchas plantas de tratamiento en México han caído en desuso por falta de mantenimiento, presupuesto o corrupción. Que esta no se convierta en otra de ellas dependerá no solo del gobierno, sino también de la vigilancia ciudadana y el compromiso de las autoridades locales.
INFRAESTRUCTURA COMO PILAR DE LA EQUIDAD
Más allá de cifras y discursos, la entrega de esta obra plantea una reflexión: el acceso al agua limpia y al saneamiento no es un lujo, sino un derecho básico. Su cumplimiento es un paso esencial para cerrar las brechas de desigualdad que aún persisten en Oaxaca. Y que se agudizan en temas tan elementales como el agua.
Mientras se anuncia que “La Primavera Oaxaqueña” dejará al menos una obra en cada uno de los 570 municipios del estado. Lo esencial será priorizar aquellas que garanticen derechos fundamentales y resuelvan carencias estructurales.











































