En “Hilando Sones”, su ópera prima, Ismael Vázquez Bernabé muestra la historia, la memoria y la cultura de su pueblo natal, San Pedro Amuzgos, región costa de Oaxaca. Pero también da cuenta de los esfuerzos por hacer cine y contar las historias de pueblos indígenas a través del séptimo arte, en medio de los obstáculos que aún persisten para quienes como él son parte de una cultura originaria en México.
Ismael nació en el “pueblo de hilados”, el que a través de su documental llega a las salas nacionales luego de su paso por el festival de cine Hot Docs, en Toronto, Canadá (2024), donde obtuvo mención honorífica; del Festival Internacional de Cine de Guadalajara 2024, del Festival Internacional de Cine de Morelia 2024 y del Festival Zanate 2024. Además de haber representado a México en el summit de la Cumbre del G20 en Río de Janeiro, 2024.
Este viernes, la película se estrenó en la Cineteca Nacional, Ciudad de México, y hoy se proyecta en el teatro Juárez, en la capital oaxaqueña, a las 19:00 horas.

En entrevista, Ismael comparte algunas reflexiones sobre el documental en que se tejen tres historias: la de Zoila, su madre; la de Donato, legendario violinista del pueblo y que marcó con su música la infancia del director, y la de Lorenzo, heredero del legado de Donato.
“Él (Donato) tocaba en lugares muy importantes para nuestra comunidad… Ahora de adulto quise compartir esa belleza de la música de Donato a otros niños y jóvenes que no lograron conocerlo”, cuenta Martínez Bernabé, de 35 años de edad. El director de la película hablada en idioma amuzgo, señala que hacer cine ha sido un camino complicado, especialmente siendo indígena.
“Siempre existe esa discriminación y desprecio a la cultura indígena”, apunta. Aunque ahora percibe que ya hay apoyos para las y los realizadores de pueblos indígenas y afromexicanos, señala que estos son muy bajos comparado con el financiamiento para proyectos no indígenas.
“¿Nuestras historias no valen? ¿Nuestro trabajo no vale? ¿Nuestras preocupaciones y lo que tengamos que compartir con el mundo no importa?”, se pregunta el director, quien para el documental logró el financiaiento de National Geographic y el Festival de Cine de Sundance.
Para él, este camino en el cine también ha sido uno de insistir en que es una persona con derechos al igual que otros: “que no solamente estoy para entretenerlos en la Guelaguetza sino también tengo ideas, otras cosas que compartir al mundo”.
“No niego que hay mucho folclor y baile y música en nuestras comunidades, pero ya es hora de destruir o construir otras imágenes de lo indígena, que prácticamente se ha explotado mucho ahorita en proyectos indígenas del folclor y la mirada muy paternalista”
Con el estreno de su película en las salas nacionales y en su estado, Ismael considera que es una gran oportunidad para compartir la historia de su pueblo, especialmente por el contexto de discriminación que aún impera para quienes son de pueblos indígenas.











































