En México, el impacto de las enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer va más allá del paciente. Millones de familias mexicanas enfrentan una carga invisible: el cuidado no remunerado que brindan a sus seres queridos, con un costo que ya supera los 23 mil millones de pesos al año, según estimaciones de especialistas en salud y envejecimiento.
Esta cifra, advierten expertos, no es cubierta por instituciones públicas, sino que es asumida por los propios hogares, donde el cuidado recae principalmente en mujeres que dejan sus empleos o modifican por completo su vida cotidiana para atender a sus padres, abuelos o parejas con demencia.
“El 85% de los costos relacionados con la demencia los absorben directamente las familias mexicanas, muchas veces sin capacitación ni acompañamiento emocional”, explicó la doctora Ana Laura Gutiérrez, investigadora en salud mental y envejecimiento.
Cuidar sin paga y sin descanso
En Oaxaca, donde muchas comunidades rurales viven sin acceso a servicios médicos especializados, los cuidados se dan en casa, bajo condiciones limitadas y con jornadas que pueden superar las 12 horas diarias. “Mi mamá ya no reconoce a nadie. Yo dejé de trabajar para cuidarla. No hay quien nos apoye, todo sale de nuestros bolsillos”, relató doña Carmen, vecina de Etla.
Según el INEGI, el trabajo de cuidados no remunerado —que incluye atención a adultos mayores y enfermos— representa el 6.1% del Producto Interno Bruto nacional, equivalente a más de 7 billones de pesos. Y aunque esta labor es vital para el funcionamiento social y económico del país, no se le reconoce ni se le apoya suficientemente.
Llamado a una política nacional de cuidados
Organizaciones civiles y expertos han insistido en la necesidad de establecer un Sistema Nacional de Cuidados, que permita reconocer, profesionalizar y compartir esta responsabilidad con el Estado.
Mientras tanto, los cuidadores continúan enfrentando la demencia con amor, pero también con soledad y sacrificio económico.











































