Mientras los ciudadanos enfrentan día tras día la violencia, la extorsión y la falta de servicios básicos, la autoridad municipal permanece en silencio. La situación en Juchitán de Zaragoza ha sido evidenciada no por comunicados oficiales, sino por una denuncia pública que circula en redes sociales, donde se expone la crítica realidad de un municipio hundido en el abandono y la inseguridad.
En una publicación difundida por plataformas informativas locales, se denuncia que “entre negligencia médica, colapso urbano, violencia imparable, abandono institucional y traición a su propia fuerza de seguridad, Juchitán vive una de sus peores crisis mientras el presidente municipal se pasea rodeado de escoltas y se niega a enfrentar los verdaderos problemas del municipio”.
Violencia y amenazas en el hospital general
Uno de los puntos más alarmantes de la denuncia gira en torno al Hospital General “Dr. Macedonio Benítez Fuentes”, donde el personal médico fue amenazado de muerte por familiares de un paciente presuntamente vinculado a un grupo criminal.
Sin embargo, se presume que el detonante fue una operación fallida, resultado de la falta de insumos básicos. El paciente, dado de alta en condiciones críticas, tuvo que ser operado nuevamente, pero las intimidaciones se extendieron incluso a los estudiantes en servicio social, quienes fueron retirados del hospital por sus instituciones ante el riesgo.
“El hospital opera con lo mínimo, sin medicamentos, sin personal suficiente y sin respaldo del municipio”, reza la denuncia.
Un caso extremo es el de un paciente con invalidez que lleva más de seis meses internado sin justificación médica, ocupando una cama en un hospital saturado. Las solicitudes de traslado al DIF municipal han sido ignoradas.
Extorsiones, ejecuciones y un gobierno ausente
La ciudadanía vive bajo una sombra de miedo constante. “Hoy en Juchitán, cualquiera puede ser víctima de cobro de piso. Y si no puedes pagar, tu destino puede ser fatal: aparecer ejecutado, embolsado o abandonado en alguna calle”, señala el texto.
Las denuncias indican que comerciantes han sido amenazados por grupos criminales y que el cobro de piso se ha normalizado. Pese a ello, no ha habido postura pública de las autoridades municipales ni de las estatales.
“Bajo esta administración se ha registrado uno de los periodos más violentos de la historia reciente. Ejecuciones, cobros de piso, extorsiones y desapariciones son parte del día a día”, denuncia la publicación.
Calles destruidas, drenajes colapsados y eventos públicos
El deterioro urbano también forma parte del reclamo. En muchas colonias, el alumbrado público es inexistente, las calles son intransitables y los drenajes colapsan, provocando brotes de aguas negras.
“En la octava sección, al pasar el vado que conecta con la quinta, brota agua pestilente como si fuese una fuente”, describe el texto.
Paradójicamente, mientras la ciudad se desmorona, el presidente municipal autorizó una carrera ciclista. No obstante, esta tuvo que realizarse fuera del centro, pues ninguna calle contaba con condiciones mínimas para albergar un evento de este tipo.
“La prioridad del gobierno municipal parece ser el entretenimiento. Mientras no hay alumbrado, ni seguridad, ni drenaje funcional, el presidente continúa organizando fiestas, eventos y espectáculos públicos”, se lee en otro fragmento.
El silencio de las autoridades
Hasta el momento, ni el presidente municipal ni funcionarios del gobierno local han desmentido, confirmado o reaccionado públicamente ante las denuncias. Este silencio institucional ha generado más suspicacias entre la población, que se siente abandonada por quienes deberían velar por su seguridad y bienestar.
“Juchitán se cae a pedazos… ¿Por qué Juchitán se lo merece?”, concluye con amargura el texto que ha despertado indignación y tristeza entre los ciudadanos.
Lo que ocurre en Juchitán no es solo una crisis de seguridad, sino un colapso integral del sistema institucional. Mientras la violencia escala y los servicios públicos se hunden, la ausencia de respuesta oficial no solo alimenta la impunidad, sino que deja claro un abandono que duele y que, al parecer, nadie en el poder está dispuesto a enfrentar.






































