Luego de cinco meses de trabajo, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) concluyó la limpieza y restauración de la fachada y laterales de cantera de la catedral metropolitana de Oaxaca, en donde se habían acumulado grafitis y pintas de diversas protestas sociales en este año.
Esta es la segunda restauración del año realizada en este monumento histórico de la ciudad de Oaxaca, uno que junto al ex convento de Cuilápam es de los más afectados en la entidad debido a la acción humana según el instituto.
Las labores comenzaron en los últimos días de julio y terminaron en este mes. Aunque el instituto no detalló cuál fue el costo, según lo dicho previamente por el delegado Omar Vázquez Herrera y confirmado por el documento, los recursos corresponden al seguro que anualmente contrata la federación para atender los daños que por fenómenos naturales o por la acción humana se causan a este tipo de monumentos históricos.
A través de un boletín, la delegación estatal del INAH en Oaxaca señaló que las y los “especialistas en restauración removieron más de 520 metros cuadrados de pintura que se encontraba en varias capas” y que los trabajos estuvieron bajo la coordinación del restaurador Pedro Pico Brizuela, con la autorización y la supervisión del Centro INAH.
El instituto detalló que en las pintas y grafiti había diversos tipos de pintura, esmaltes y acrílicos en aerosol. Además de que “debajo de capas de pintura vinílica se encontraron otras pintas hechas con chapopote” que también se retiraron. Igualmente las pintas y grafitis de las puertas de madera.

También se retiraron “algunos resanes elaborados con resinas sintéticas, los cuales dañaban la estabilidad de la piedra; y se resanaron sillares y juntas, con materiales adecuados para su conservación”. Asimismo, dijo que se mejoró la capa de sacrificio que se había colocado en los sillares durante la restauración previa (la concluida en febrero).
La catedral de Nuestra Señora de la Asunción, más conocida cómo catedral metropolitana, es un monumento que data del siglo XVIII y cuyo posesionario es la iglesia católica.
Antes de esta restauración había sido objeto de otra similar que concluyó en febrero de este año. Aunque poco después fue afectado con las protestas sociales de los primeros meses del año, además del deterioro o daño constante de personas que abandonan sus desechos en la base del mismo o que incluso hace sus necesidades al pie del monumento.
De acuerdo con el INAH, aunque este es un inmueble federal o propiedad de la nación, su atención corresponde a quien tenga la posesión del mismo. Es decir, a la iglesia, que tendría que destinar un recurso para el mantenimiento. Sin embargo, como ha señalado el arquitecto de la sección de sitios y monumentos del Centro INAH, en determinados casos el mismo instituto puede intervenir a través de sus especialistas en restauración, pero con recursos de la federación o de las poblaciones donde se ubica el bien. O, como este caso, con los del seguro que se contrata para tal fin.









































