El Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) cumple 30 años de su fundación entre la incertidumbre de su reapertura y la no resolución aún del conflicto laboral entre la asociación civil Amigos del MACO y 11 trabajadores.
Desde hace más de 10 meses, el recinto permanece cerrado al público de manera indefinida, desde el desalojo de las y los trabajadores ocurrido el 10 de abril de 2021. Antes, pero por la pandemia de Covi-19, el museo que abrió el 28 de febrero de 1992 cerró por algunos meses.
Este es el primer aniversario que el museo, impulsado por un grupo de artistas que encabezó el fallecido Francisco Toledo, pasa cerrado por un conflicto laboral y sin fecha concreta para recibir nuevamente a sus públicos y artistas.
El MACO fue cerrado temporalmente en abril de 2021, según explicó el presidente y la mesa directiva de la asociación civil Amigos del MACO, Rubén Leyva, que argumentaron una auditoría ante el estallido del conflicto laboral.
Pero aunque en múltiples ocasiones se ha hablado de una próxima reapertura, ya sea para sus actividades de fin de año (de 2021) como el aniversario que se cumple este lunes, el museo seguía cerrado hasta este fin de semana. En su fachada no está más la manta en que 19 empleados denunciaron la falta de pagos de la asociación por el trabajo devengado en un año. Tampoco se ve más el cartel que a nombre de una nueva dirección anuncia la próxima reapertura o habla de la auditoría.
Por ahora, con una nueva audiencia aplazada, 11 trabajadores que mantienen la demanda laboral contra Amigos del MACO exige justicia, pago de sus salarios y demás prestaciones, así como un cese al hostigamiento que, explicaron, han sufrido a raíz de su protesta.
La complicidad y favoritismo de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje y de la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca, así como la inacción de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca, son parte de las denuncias públicas hechas por las y los trabajadores.
El MACO abrió el 28 de febrero de 1992 como una iniciativa que encabezó Francisco Toledo, pero de la cual se desmarcó años después. En tres décadas ha tenido exposiciones varias en pintura, escultura, instalaciones y otras manifestaciones en torno al arte contemporáneo.
Ha sido también sede de la Bienal de Pintura Rufino Tamayo, de la que se alimenta un acervo y colección que abarca también obras de pago en especie y de orígenes varios.
Su funcionamiento ha estado al amparo de apoyos gubernamentales, pero también de la gestión de recursos de otras fuentes o de ingresos propios por sus entradas.












































