Concluyeron los festejos por el “Día de Muertos”, con todas sus prohibiciones y afectación económica. En días previos y durante la propia celebración se pudo observar que muchas veces vale más la costumbre y la tradición que la propia vida, pues muchos desoyeron las recomendaciones de las autoridades para aplicarse las medidas de prevención, evitar las comparsas o calendas y las concentraciones masivas, focos de contagios de Covid-19. El jueves de la semana anterior, la Policía Municipal de la capital oaxaqueña tuvo que acudir a la agencia municipal de Viguera, a desactivar una comparsa de muertos. Los mercados de comunidades de los Valles Centrales, estuvieron en los días previos a nuestra celebración tradicional, a reventar. En efecto, la fuerza de los usos y costumbres contrastan con la situación de emergencia sanitaria que hemos vivido desde el mes de marzo.
Se entiende también que hay una ignorancia generalizada respecto a los efectos letales que ha tenido la pandemia en el mundo, pero particularmente en México y en Oaxaca. La cifra de muertos es impresionante, pero más lo es la indolencia con la que el propio gobierno federal ve la situación, atendiendo más temas coyunturales o superficiales que el asunto sanitario. El confinamiento dispuesto por gobiernos de países desarrollados como Alemania, Italia o Francia, con esquemas de salud avanzados, por los preocupantes rebrotes del virus, debe ser entendido como una enseñanza que nuestras autoridades no deben soslayar. Estamos ya en los inicios de la temporada de frío, cuando los males respiratorios y pulmonares se exacerban, lo que implica que seguramente los casos positivos se pueden disparar.
No es pues con discursos banales y torpes, como aquel que afirma que “los muertos, muertos están”, como se puede paliar o resolver el asunto de la pandemia, sino con medidas más enérgicas y congruentes del gobierno federal. Parte de la compleja situación que hemos padecido en el país se debe a ese doble discurso, a la manera irresponsable de manejar la información, creando expectativas falsas. En el país y en Oaxaca no se puede hablar de rebrotes, pues los contagios y decesos no han cedido desde que inició la contingencia. Para nuestra mala fortuna estamos ubicados en uno de los primeros lugares de letalidad a nivel mundial, precisamente, por la forma tan superficial en la que nuestro gobierno federal ha visto esta situación, minimizando sus efectos.
Nuestro gran atractivo
Oaxaca, con todos sus problemas, representa para el extranjero, un gran atractivo. No sólo por su riqueza cultural, gastronómica, artística, histórica, etc., además, porque representa un rico potencial para los inversionistas. Nuestro terruño es un vasto universo para quienes quieren multiplicar sus capitales e invertir en los más diversos rubros, algunos de ellos poco descubiertos, como es el caso de la energía solar, la pesca, la acuacultura y otros. El Istmo de Tehuantepec es un polo de desarrollo potencial susceptible de ser explotado, siempre que el gobierno, a través de la aplicación de la ley, inhiba o acote las expresiones de chantaje que caracterizan a muchas organizaciones que, ante el anuncio de inversiones, de inmediato se dedican a extorsionar a los inversionistas.
La semana pasada estuvo en Oaxaca el Embajador de los Estados Unidos en México, Cristopher Landau. Recorrió sitios de interés como el Centro Cultural Santo Domingo, la Biblioteca “Francisco de Burgoa”, el Jardín Etnobotánico, entre otros lugares. El diplomático con su esposa, fueron acompañados por el gobernador Alejandro Murat y la presidenta del Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF, Ivette Morán. Según testigos presenciales, el representante del gobierno norteamericano quedó gratamente impresionado por la belleza y excepcional riqueza cultural oaxaqueña. Y abrió la puerta para promover las inversiones con empresarios de su país que deseen invertir en Oaxaca, uno de los anhelos del ejecutivo estatal desde el inicio de su gestión.
Así como Landau, todo aquel personaje del mundo político, diplomático, empresarial y artístico que visita nuestra entidad, queda maravillado de todo lo que Oaxaca puede ofrecer al mundo. No es fortuito que nuestra capital haya sido calificada por revistas especializadas en viajes o comidas, como una de las más bellas del mundo. Tampoco lo es, que regiones como la istmeña, tengan al menos dos siglos de estar ubicadas en la geopolítica de las grandes potencias, como un lugar estratégico desde el punto de vista comercial y hasta militar. Hay pues, un gran interés en invertir en el proyecto del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT), que se perfila como uno de los planes de desarrollo más ambiciosos de los últimos tiempos y que, de concretarse será, seguramente, un pivote para que Oaxaca deje atrás su pobreza y marginación.



































