Los 20 vivas del grito de independencia que dio el Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, no tuvieron eco ante una plaza vacía, grisácea, ni trascendencia alguna, celebración que solo fue para alimentar su vanidad y ego que tiende al odio y a la soberbia del omnipotente, del gran líder supremo, que por primera vez sintió el vacío y el hueco de sus palabras, como una primera llamada premonitorio del cataclismo de un futuro que viene, pues al ritmo que vamos López Obrador, se está quedando solo.
Cada mañanera hace un espectáculo, un circo, un teatro oficial ocupando todos los días, los tiempos de la pantalla de la radio y televisión, exponiendo sus frágiles pensamientos y el oportunismo, controlando y manipulando, creyendo que escribe las líneas de la historia de México, cuando tan solo representa intereses propios y un ego personal insaciable. Arremetiendo a diestra y siniestra contra sus adversarios, los medios de comunicación, la prensa fifi, los conservadores, quienes son los principales culpables de todo lo mal que pasa en su gobierno de la 4T, así como todo aquel que no esté de acuerdo con sus ideas y haga crítica de sus acciones y omisiones. Y ni hablar de la consulta ciudadana para juzgar a los ex-presidentes, cuya pretensión es alcanzar los más altos rating de popularidad para contabilizar en votos y así arrollar en las próximas elecciones.



































