Una severa crítica despertó hace unos días, los boletines institucionales de la Secretaría de Seguridad Pública estatal (SSPO), en el sentido de que, de acuerdo con mediciones y criterios del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), en Oaxaca se habían reducido la incidencia delictiva, así como los delitos de alto impacto, como son los homicidios. La difusión del primer boletín se dio, justamente, cuando en menos de 48 horas las notas policíacas de este diario, documentaba al menos siete u ocho ejecuciones, incluso un doble ilícito de esta naturaleza en los Valles Centrales, sitio de operación de grupos criminales. La pregunta que cualquier ciudadano medianamente informado se hace es: ¿cuáles son los criterios que utiliza el SESNP para sus informes, si la realidad dice exactamente lo contrario?
Es evidente que Oaxaca no es la excepción en materia de seguridad, como ya lo hemos comentado en este espacio editorial. Sin embargo, no se puede ser tan irresponsable para sorprender a la opinión pública con cuentas alegres cuando la situación es más grave de lo que parece. Estamos ciertos de que las operaciones de los grupos criminales han seguido como si nada durante la gestión del llamado gobierno de la Cuarta Transformación. No existe una política de seguridad pública. Ni el presidente Andrés Manuel López Obrador sabe, con exactitud, lo que pasa en el país. Se vio en la mañanera del viernes 17 de julio, cuando el Secretario de Seguridad del gobierno federal no supo de la situación de un ex funcionario detenido en España y extraditado a México.
Es de entenderse que estamos frente a timoratos que no quieren enfrentar a los grupos criminales y aceptan, con su omisión y temor, que éstos se asuman como un Estado dentro de otro. Las redes sociales han sido prolíficas en la difusión de videos y fotografías de los cárteles que se han empoderado, pero que han dejado en el país, una secuela de muerte y desolación. Por fortuna en Oaxaca no hemos llegado a los niveles de Guanajuato, Jalisco o Michoacán, pero al paso que vamos no dudemos que caminamos hacia ese destino fatal. He ahí el por qué no hay que tomar tan a pecho las mediciones de organismos, así sean gubernamentales o civiles, que nos hacen aparecer un remanso de paz cuando la realidad es otra. Los homicidios en Oaxaca van al alza. Las ejecuciones también. No nos engañemos.
Ignorancia y torpeza
Es impresionante la ignorancia y la torpeza de ciertos segmentos de la sociedad que, no obstante, las imágenes que a diario transmiten los medios de comunicación, impresos y electrónicos, o los mensajes en las redes sociales, insisten en el argumento de que el coronavirus no existe y que, por ello, no usarán cubre-bocas. Esta situación se dio desde el inicio de la emergencia sanitaria en Juchitán de Zaragoza, que tiene enraizada en su cultura, la rebeldía a todo lo que provenga de las autoridades. Esta ciudad era, hasta la semana pasada, un derroche de fiestas, mercados llenos y un ir y venir de la gente sin respetar ni la sana distancia ni otras medidas de prevención. ¿Conclusión? En menos de dos semanas, según las mismas autoridades municipales, se dieron cerca de cien decesos. Es más, hasta se abrieron nuevas fosas en un anexo del panteón “Domingo de Ramos”, ante la incapacidad de éste para depositar más cadáveres, lo que propició que familias de colonias vecinas tuvieran que abandonar sus viviendas.
Sin embargo, desde el domingo 19 de julio se dio un fenómeno inusual en toda la región del Istmo de Tehuantepec: varios municipios cerraron el paso a los comerciantes juchitecos para evitar que vendieran en sus mercados. Es decir, les prohibieron el paso. Hasta en Matías Romero, a los comerciantes tecos les impidieron el paso, justamente porque se enteraron de que Juchitán era el eje de la pandemia. Éste y otros motivos obligaron al gobierno municipal de Emilio Montero a declarar obligatorio el uso de cubre-bocas y cerrar parcialmente algunos lugares de concentración de personas. El pasado lunes, vehículos equipados fumigaron la ciudad y el gobernador Alejandro Murat dispuso medidas institucionales para contener este virus mortal, que ha hecho mayores estragos, en donde ha habido quienes, por ignorancia y torpeza, le han allanado el camino.
Se espera que acciones similares se lleven a cabo en Tuxtepec, en donde también la pandemia no ha dado tregua. Se trata de las dos regiones a las que emplazó el gobierno de Alejandro Murat a mantener el confinamiento voluntario, ante el crecimiento de contagios y decesos. Esperamos que la ciudadanía responsable escuche este llamado y dejen de lado su postura egoísta y cerrada. Con la pandemia y los estragos que ha causado, con escenas de muerte y dolor, no hay medias tintas. Cualquier relajamiento en las medidas de sanidad será, insistimos, es un suicidio colectivo.


































