Don Benito Juárez es uno de los héroes nacionales más reconocidos en el mundo. Nació orgullosamente en San Pablo Guelatao, Distrito de Ixtlán, el 21 de marzo de 1806 y murió un día como éste, pero de 1872, en Palacio Nacional, siendo presidente de México, en virtud de lo que entonces se llamó: angina de pecho. La figura juarista ha sido una de las más estudiadas en México y en Oaxaca. La figura del Benemérito de América, del Coloso de Guelatao, del indígena que a los 12 años de edad llegó caminando de su tierra natal hasta la capital oaxaqueña, sin saber leer ni escribir, además de hablar solamente zapoteco, se ha convertido en un mito no solamente para los niños en educación básica, sino también en un ícono del derecho, la justicia, la libertad y la soberanía. Pocos como él lucharon por hacer de nuestro país la Nación independiente, autónoma, soberana, generosa, que con sangre derramada logró abatir los intentos de sojuzgamiento y dominio de potencias extranjeras, como Francia, que pretendieron hacer en México una extensión de las monarquías europeas.
Sobre Juárez se ha dicho y escrito mucho. Hay centenas tal vez de biografías, desde las clásicas de Francisco Bulnes, de Ralph Roeder, Jorge Fernando Iturribarría, de muchos escritores recientes como Francisco Martín Moreno o de costumbristas oaxaqueños que opinan sobre diversos aspectos de su vida, su obra y su tiempo. Todos empeñados en rescatar su paso por la gubernatura del estado, como rector del Instituto de Ciencias y Artes del Estado o como cabeza visible de la Generación Oaxaqueña del 57. Otros más han emprendido labores de investigación sobre sus claroscuros o su relación con otro oaxaqueño, éste vilipendiado, incomprendido, estigmatizado: el general Porfirio Díaz. Algo que tal vez no se haya desentrañado a fondo. Pero hay algo que queda claro y es la profunda lealtad del “Soldado de la Patria” al indígena de Guelatao: al presidente legítimo de los mexicanos.
Hoy, con certeza, habrá ceremonias, discursos, arengas, etc. Es más, Juárez sigue siendo un ícono en el entorno oficial. El pasado 8 de julio, el presidente Andrés Manuel López Obrador, en su llegada a Washington, D.C. en visita de trabajo oficial a Estados Unidos montó una ofrenda floral a la estatura de Juárez al igual que la de Abraham Lincoln. Es importante subrayar que Juárez el oaxaqueño universal, hoy en su 148 aniversario de su muerte, sigue siendo una figura universal.
Reconstrucción: Ardua tarea
El gobierno de Alejandro Murat tiene encima una ardua tarea: la reconstrucción de caminos, viviendas, hospitales, centros de salud y escuelas, afectados por el sismo del pasado 23 de junio. En estos días concluye el censo de lugares siniestrados, dado que se requiere una estimación precisa de los daños, para poder calcular los costos de la reconstrucción. Hace días, diez municipios más fueron incorporados a los apoyos del Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden). Apenas el miércoles se sumaron seis más. Sin embargo, es evidente que serán insuficientes para los daños tan graves que sufrieron las comunidades afectadas. Simplemente, la primera tarea de abrir las comunicaciones implica altísimos costos. Hay que desplazar maquinaria pesada, trabajadores, operadores, camiones de volteo, etc.
La precariedad de recursos en el gobierno estatal, ha sido una constante durante la actual administración. Es un hecho sin precedentes que, a escasos meses de cumplir cuatro años de gestión, en esta administración no haya obras visibles dignas de mencionar. Ni puentes, ni carreteras nuevas, ni obras de gran envergadura, como libramientos, autopistas, auditorios u otras. He ahí lo que mencionamos el pasado lunes, del interés de Murat Hinojosa de poner en marcha el programa de obras. Y es que, como todos sabemos, hay proyectos, como es la construcción de una plaza en donde hoy en día se ubica la 28ª. Zona Militar. Ahí se destinarían, se dijo en su momento, parte de los recursos de aquel préstamo de 3 mil 500 millones que le autorizó el Congreso local en octubre de 2019. Ya se sabía entonces que, dichos estaban etiquetados para las obras que este gobierno tenía el propósito de echar andar. Los tiempos, empero, han sido adversos.
Tenemos que admitir pues que, con certeza y la premura del tiempo, no habrá obras de relumbrón en la actual administración. Lo dijimos, los años se le han ido al ejecutivo estatal en resarcir daños y componer entuertos, derivados, en su mayoría, de la tragedia que se ha abatido sobre territorio oaxaqueño desde 2017 a la fecha. Las tareas de reconstrucción serán, además, onerosas y lentas. Tendremos que habituarnos a la idea de que el tiempo de la actual administración se acorta, por lo que, no habrá que esperar obras relevantes como en el pasado. Ojalá que sí, pero la tragedia ha seguido los pasos al ejecutivo estatal desde su primer año de gobierno y más que emprender proyectos que se propuso en su Plan Estatal de Desarrollo 2016-2022, serán los que le imponga un período de siniestros y contingencias.


































