El pasado viernes 10 de julio, en entrevista exclusiva con EL IMPARCIAL. El Mejor diario de Oaxaca, el gobernador Alejandro Murat se abrió de capa para mostrar el lado humano del gobernante, al afirmar su gratitud al pueblo oaxaqueño por su enjundia, esperanza y solidaridad con todo lo que hemos vivido los oaxaqueños, con un panorama adverso desde el punto de vista de los fenómenos naturales, que nos han lacerado. En efecto, como lo hemos comentado en este mismo espacio editorial, no ha habido un gobernante, uno sólo en los últimos tiempos, que haya tenido que enfrentar un panorama tan adverso de sequías, tormentas, sismos y pandemia, como ha sido Murat Hinojosa. Al menos, desde hace cuarenta años, cada gobernador ha hecho obras que el tiempo, la circunstancias o el azar le permitieron. Sin embargo, con un fardo de proyectos, de anhelos y buenas ideas, el ejecutivo estatal ha tenido que irlas postergando, para atender la emergencia que se ha abatido sobre la cabeza de los oaxaqueños.
A pesar de ello y capoteando la adversidad, nuestro gobernante sigue viendo hacia el futuro. En la entrevista referida afirmó que, en el cuarto año, que es éste de su gestión, tiene listo un plan para la ejecución de al menos cien obras, utilizando para ello, los 3 mil 500 millones de pesos que el Congreso del Estado le autorizó en octubre de 2019, para impulsar dichas obras. Perfiló, asimismo, un millonario proyecto de desarrollo industrial con inversiones de Singapur, que será presentado en breve por el gobierno federal y las inversiones que ya están etiquetadas para el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT), que ya están aplicándose, lo cual habrá de traducirse en la generación de muchos miles de empleos.
No es nuestro afán de quemar incienso ni, mucho menos hacer una apología del ejecutivo estatal. Se trata de ubicar en su contexto la tragedia que hemos vivido en la entidad y que, coinciden prácticamente con el inicio de su gestión. Su labor en ese sentido ha sido bogar contra corriente. En este contexto es una buena noticia saber que no se ha doblegado ante el derrotismo, sino que existe la convicción y el compromiso moral de responderle a los oaxaqueños, durante lo que le resta de su gestión. Esperamos pues que las condiciones permitan a Murat Hinojosa cumplir con los objetivos que se fijó en su Plan Estatal de Desarrollo, 2016-2022.
Julio, una realidad distinta
La última vez que los citadinos pasamos unas fiestas de julio tristes, fue tal vez en 2006. Los disturbios de ese año generados por el magisterio y la tristemente célebre Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO), dieron al traste con la tradición. Tomaron nuestra fiesta máxima como bandera para poder incendiar el templete donde se celebra “La Guelaguetza”, la cual tuvo que cancelarse y aún en 2007, insistieron en volver por sus fueros. A punto de celebrarse se dio un enfrentamiento en las inmediaciones del Cerro de “El Fortín”, con saldos preocupantes. Ahí los grupos opositores al régimen del entonces gobernador Ulises Ruiz, obtuvieron nuevo mártir: Emeterio Merino, quien luego de ser detenido fue golpeado por policías estatales que lo dejaron con severos problemas físicos.
Después de ello, nuestra fiesta folklórica tuvo la permanente amenaza de boicot. El gobierno estatal tuvo que ceder ante el magisterio, otorgándole recursos para la celebración de su propia “guelaguetza popular” que, desde esos años, se celebró en el estadio del Instituto Tecnológico de Oaxaca, ahora del equipo de fútbol, “Los Alebrijes”. En el fondo de todo, ése era el resentimiento en contra de aquello que los radicales del Movimiento Democrático de los Trabajadores de la Educación (MDTEO) llamaban evento burgués. Todavía durante la administración de Gabino Cué era común la especie de boicot de nuestra fiesta folklórica por parte de mentores, sindicatos o grupos de toda naturaleza. En el actual gobierno, esos mecanismos de presión se han atenuado, gracias a una nueva política que, para muchos ha sido de excesiva tolerancia al magisterio y de otorgarle lo que pidan, pero que ha sido eficaz para atenuar la presión y afectar la educación.
En 2020, sin embargo, las condiciones son otras. Fue una decisión difícil, aunque acertada la del gobierno de Alejandro Murat, haber cancelado o diferido la celebración de la citada fiesta. Los tiempos de pandemia están en contra de toda concentración masiva de personas, que puede ser el eje de la proliferación del virus. Países que no se cuidaron de dichos actos masivos tuvieron que pagar las consecuencias. Aquellos festejos de julio que nos ubicaron como un remanso de paz y de alegría; de ambiente de fiesta y regocijo, por hoy serán sólo parte de la anécdota popular. Habrá presentación, en efecto, pero sólo será virtual. No será lo mismo, aunque nada deteriore a nuestro estado de seguir siendo un destino mágico, con un gran legado cultural.


































