La pandemia por Covid-19 impide que Tania Cruz no pueda regresar a Estados Unidos desde hace más tres meses, ante la suspensión de los vuelos y restricciones de diferentes aerolíneas.
La mujer de 49 años de edad, originaria de Oaxaca de Juárez, no solo se mantiene en la constante angustia por no ver a su familia que radica en el país vecino, sino también se enfrenta a los abusos y la falta de empatía de las grandes empresas, que incrementan los precios en productos y servicios en momentos de crisis.
En marzo, Tania tuvo que viajar de Estados Unidos a Oaxaca en medio de la emergencia de sanitaria, luego de que le informaran que su padre había fallecido por un derrame cerebral.
Durante ese viaje, los contagios de Covid-19 en ese país generaron una serie de filtros sanitarios, que apenas sí se percibieron en las terminales de la Ciudad de México y Oaxaca.
La también abogada, llegó a la entidad oaxaqueña solo con su teléfono celular y algo de dinero, sin imaginar que los días que planeaba quedarse, se convertirían en meses.
“Recibí la noticia que mi padre había tenido un derrame cerebral y me vine a Oaxaca. Mi vuelo de los Ángeles llegó bien, pero al llegar a la Ciudad de México ya todos los vuelos se estaban cancelando”, explica.
La mujer que ya había comprado el boleto de regreso, expuso que la aerolínea le informó de la suspensión de los vuelos y el pago que tendría que realizar por cambio de fecha.
“Lo que se me hace injusto es que, aunque regresan lo que pagaste por el boleto, no te devuelven lo que pagaste por el cambio de fecha y además se debe pagar dos dólares más”.
Otro problema que enfrenta, es que si el vuelo en la fecha y horario señalado no se llena, éste se vuelve a cancelar y se debe pagar otra cantidad, que genera al final un boleto que costará lo doble o triple de su precio inicial.
“Es un abuso por parte de los aerolíneas que solo dicen que esta situación se debe por el problema del Covid-19”, insiste la mujer, quien expuso que de un boleto de 3 mil 500 pesos, podría llegar a pagar hasta 7 mil o 10 mil pesos.
Tania, que radica en California desde hace 14 años, lamenta que no pueda regresar con su familia y continuar con su trabajo en una asociación civil, pese a contar con el apoyo de más familia y amigos en su estado natal.
“Ahorita estoy sin trabajo y no tengo mucho dinero más que el que me envía mi esposo”, señala la mujer que pide a las autoridades competentes poner atención para evitar el abuso de las aerolíneas y brindar más apoyo al consumidor.
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