Si bien es cierto que el programa de obras que ha abierto el gobierno estatal, a través de la Secretaría de las Infraestructuras y Ordenamiento Territorial Sustentable (SINFRA), es una bocanada de aire fresco para la castigada industria de la construcción local, también es cierto que la misma sigue estando al margen de los grandes proyectos. Es decir, continúa siendo discriminada y marginada. Lo hemos dicho siempre: con el pretexto de que nuestros constructores no cuentan ni con el capital suficiente o la infraestructura necesaria para obras millonarias, sobre todo en el gobierno federal, ello es motivo suficiente para que a las empresas locales se les mantenga fuera de toda posibilidad de competir. Es cierto, en Oaxaca no existen grandes consorcios que puedan solventar la realización de obras de miles de millones de pesos. Ello no es motivo para marginarlas.
Cuando se anunció el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT), como una de las obras prioritarias del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y el anuncio de promover el empleo y a la industria local, hubo entre las empresas locales de la construcción un rayo de esperanza de que repuntara, luego de cerca de diez años de abandono. Porque hay que recordar que la crisis en la construcción no es algo nuevo. En el gobierno de Gabino Cué las empresas locales estuvieron supeditadas a minucias, a migajas. Las obras de dicha administración fueron asignadas a no más de cinco empresas con oficinas de Guadalajara y Puebla, en su mayoría. Las locales se tuvieron que conformar –si es que tuvieron alguna- con obras pequeñas, de montos irrisorios. Y durante la actual administración estatal, con el argumento inicial de que la anterior dejó el erario desfondado y con carencia de recursos, el tema de obra pública ha sido un mito.
Quienes conocen del tema de la construcción saben que es ésta es un pivote importante para la economía, habida cuenta que genera empleos directos, indirectos y además una importante derrama. Sin embargo, las organizaciones, confederaciones y consejos tanto nacionales como locales, deben salir y presionar al gobierno federal que, como nunca, ha estado movido por amiguismos y compadrazgos. Ya nos referimos la semana anterior a la empresa Ingenieros Civiles Asociados, S.A. de C.V. (ICA) que, lejos de acciones punitivas por haber dejado abandonados los trabajos de las súper carreteras a la Costa y al Istmo, con el argumento de crisis financiera –que no lo era- fue premiada en la obra presidencial del Tren Maya, con un contrato de 27 mil millones de pesos.
Apremiante solidaridad
Sería largo enumerar el impacto económico que ha tenido la pandemia de nuevo coronavirus, Covid-19 o SARS-Cov-2, como también se le ha llamado a este mal y lo que aún falta por venir. La semana pasada el Ayuntamiento de la capital oaxaqueña prolongó las medidas sanitarias para evitar dicho mal, hasta el próximo 30 de junio. Ello implica que continúa el cierre de comercios, hoteles, restaurantes, y todos aquellos negocios que no se consideran esenciales. Desde el pasado sábado 6 de junio inició el cierre de la Central de Abasto, que hoy termina y la suspensión de actividades en los diversos mercados de la ciudad de manera escalonada. El primero, el más importante centro comercial del estado, como ya lo hemos comentado, fue calificada como zona de alto contagio. Todo lo anterior está impactando de manera letal, desde el punto de vista económico, para muchos pequeños productores, que arriban a la capital o a los mercados de los Valles Centrales, a vender los productos que cultivan en sus parcelas.
Ante estas medidas es preocupante la forma en la que malbaratan sus verduras: tomate, aguacate, miltomate, limón o diversas frutas. Por fortuna, en Oaxaca, como en todo el país, hay manos generosas que han ofrecido apoyo para que dichos productores puedan comercializar sus productos. Las redes sociales se han convertido en un instrumento ideal para difundir las peticiones de ayuda. El fin de semana pasado, en las calles de García Vigil, en el Centro Histórico, se instalaron algunos puestos de dichos agricultores, con la esperanza de que llegaran compradores de sus productos. En estos tiempos, es importante la solidaridad de todos para echarnos la mano entre sí. La pandemia fustiga con más fuerza a unos que a otros. Los más pobres y desprotegidos siguen pagando los platos rotos.
En los mercados de la capital y algunos de los Valles Centrales, hay decenas de ancianos (as), que venden lo poco que cultivan en sus parcelas. En puestos pequeños, a veces ubicados en el piso, comercializan por unos cuantos pesos lo que les lleva semanas cultivar. A igual que esos pequeños productores que con una gran necesidad trasladan sus mercancías para poderlas comercializar, en un ambiente que cada vez se antoja más complejo y cerrado para hacerlo. Esperamos que el siempre solidario pueblo oaxaqueño, porque lo es, acuda a realizar sus compras y ayudarles a estos trabajadores del campo, a sobrevivir. En su mayoría expenden frutas y verduras que tienen un ingrediente adicional: son cultivados de manera tradicional y tienen frescura.


































