En esta guerra silenciosa que miles de veces se llena de tintes rojos cuando los hombres asesinan a las mujeres, las ciencias sociales ayudan poco a entender el asunto de los sentimientos y porque las mujeres tienen baja su autoestima en los primeros años de vida. Con ánimo de entender los problemas humanos Harvard Business Review (EL PAÍS). Jack Zenger y Joseph Folkman investigaron a 8,655 personas, el 44% varones, y descubrieron que las mujeres tienen menos autoestima y menos seguridad que los hombres hasta que cumplen los 40 años. De hecho, a los 25 los hombres les sacan cerca de un 20% de ventaja a las mujeres de su misma edad en auto valorarse. Si bien, la seguridad de las mujeres va creciendo con la edad a los 40 años nos igualamos. Tenemos el mismo nivel de autoestima.
Naturalmente que ese sentimiento de inseguridad, que en México lo atribuimos en parte al llamado “machismo”, no es el único culpable de esta condición humana de las mujeres. No se trata de una encantadora modestia. Ellas, según el estudio, se quieren a sí mismas menos que los hombres. La manera que las mujeres jóvenes y no tan jóvenes, se quitan importancia y piden torrentes de disculpas innecesarias, se humillan, disminuyen sus méritos en reuniones sociales, devalúan su trabajo, menosprecien su presencia y traten de volverse invisibles. El estudio revela que a los 25 los hombres tienen cerca de un 20% de ventaja.
En Oaxaca, en las comunidades rurales y en las ciudades de México en mayor o menor medida, la discriminación contra la mujer es brutal. Lo que las ubica en el peor de los mundos. Los hombres “machincitos” desde chicos y la cultura general hacen que la mujer en una reunión social, en su casa, en la sociedad viva devaluada, afirme con su actitud que es torpe, o sienta que es un desastre.
Ahora bien, la seguridad en uno mismo va creciendo con la edad, en ambos sexos a los 40 años nos igualamos. A partir de ahí la autoestima va subiendo lentamente y manteniéndose más o menos pareja en ambos sexos, hasta que, después de los 60 años, la confianza de los varones comienza a declinar y las mujeres aumentan su autoestima e incluso rebasan a los “machincitos”.
Entre los 25 años y los 61 años, que es el periodo de tiempo que mide la investigación (61 y más, pone al final de la tabla crípticamente, como si a partir de esa edad comienza el abismo), los hombres mejoran su autoestima en un 8,5%. Las mujeres, en cambio, lo hacen en un 29%. Lamentablemente este reconocimiento llega tarde, la primera parte de la vida está marcada por un sufrimiento y malestar interno. Esos años de juventud son fundamentales a la hora de construirse una vida, una carrera profesional o una simple y sencilla existencia sin dolor. Muchas mujeres no aprovechan esos años por falta de confianza: no se arriesgan a asumir determinadas responsabilidades porque no se creen capaces; no se saben vender bien para un ascenso porque ellas son las primeras que temen no estar preparadas.
La baja autoestima propicia el acoso sexual que llega a escándalos muy graves. La mujer sufre agresiones y tocamientos en el transporte público, lisonjas ofensivas en las calles y lo que es más grave el acoso “negro” o “sombra”, del que nadie habla, del que todos temen y rehúsan hablar, el del trabajo. En México, 1.4 millones de mujeres que representan el 10% de la población económicamente activa, padecen acoso sexual en el trabajo. La cifra es conservadora dado que se trata de un ilícito que en 99.7% de los casos no se denuncia y tiene el índice más alto de impunidad, incluso mayor que en el caso de fraudes internos. El retrato del acosador es un varón mayor de 40 años, casado, con una vida familiar y sexual insatisfactoria, necesidad de autoafirmación y control. Laboralmente tienen una categoría superior a la acosada. Actualmente, los crímenes que tienen mayor impunidad son aquellos que no se denuncian, y los delitos sexuales son los que mayor silencio tienen por parte de las víctimas, que en el 72% de los casos presentan culpabilidad y vergüenza.
En el trabajo, la actitud del acosador se distingue por un coqueteo de forma ofensiva, acercándose sin motivo a la víctima y si se sienten contrariados por la respuesta de ésta, adoptan posturas de halago y/o represalias o ambas. Existen diversos grados de acoso sexual. Hostigamiento físico y verbal, llamadas, cartas o emails no deseados; presiones para salir a tomar o cenar con intenciones eróticas y/o comportamientos similares. Toqueteos, pellizcos, palmadas, sujetar la cintura, roces intencionados, acorralamiento, hostigamiento físico
Por mucho tiempo se asumió que sólo labores con gran estigmatización y desprotección, como las trabajadoras domésticas, eran quienes padecían acoso sexual. Existe mayor propensión a sufrir acoso sexual en el sector gubernamental respecto a la iniciativa privada y en ésta última hay mayores casos de acoso laboral en empresas familiares y pymes respecto a trasnacionales. Ya se reconoce como causa de descenso en la productividad, accidentes laborales ausentismo y alta rotación de personal el acoso sexual. En una empresa se calcula que se pierde 33 por ciento de productividad.
En México el tipo de acoso mayoritario es el vertical o chantaje sexual. Es el acoso de intercambio que se ejemplifica con “te doy la planta, ascenso o permiso para llegar tarde tal día a cambio de”. En este tipo de acoso se supone necesariamente que el agresor se encuentra en una situación de superioridad jerárquica respecto del agredido. La principal característica de esta modalidad de acoso se encuentra en que, de la aceptación o rechazo de los avances sexuales, se desprende una inmediata consecuencia de tipo laboral como el acceso al empleo y las condiciones de trabajo, salarios, ascensos, traslados, capacitación también puede provocar el despido injustificado del agredido.
Todo esto es una consecuencia del machismo, esa ideología milenaria en la que nos han educado a todos, hombres y mujeres, y que nos turba el cerebro con graves consecuencias El machismo también afectan a los hombres. El suicidio entre los varones se dispara de manera sobrecogedora a partir de los 70 años, mientras que el suicidio en las mujeres de la misma edad es muy inferior (5 por 100.000 frente a 40 de los hombres) además va descendiendo, Las mujeres están más preparadas para vivir solas: cultivan las amistades, sacan adelante una casa y una vida. Mientras que los hombres que se quedan viudos no sólo pierden a la mujer, sino su hogar y su vida. El “machismo” es una desgracia para todos y finalmente tiene dos víctimas: la mujer y el hombre. Fin



































