El pasado 27 de marzo la titular de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, mencionó la integración de un grupo de migrantes que se prevé salga de Honduras, con rumbo a los Estados Unidos, lo que rechazó la canciller María Dolores Agüero.
La representante hondureña envió una misiva al secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, en la que reclamó las declaraciones, argumentando que “carecen de sustento y se convierten en un detonante de estos movimientos migratorios irregulares”.
En días recientes la Secretaría de Gobernación respondió al gobierno de Honduras que “Las caravanas son una realidad, no un invento”, luego de que el país centroamericano reclamó a México que “estimulara” la formación de una caravana madre.
Incluso se observa la cuenta twitter “La política del@GobiernoMX busca ordenar y registrar el ingreso de los migrantes y que respeten nuestras leyes. Para protegerlos necesitamos los datos”.
Mientras tanto nuestro vecino del norte se muestra un tanto incómodo, y ya hasta amenazó a México con cerrar la frontera la próxima semana si no detiene a los migrantes, el Departamento de Estado anunció que suspenderá la ayuda a El Salvardor, Guatemala y Honduras, conocidos como el Triángulo Norte de Centroamérica.
Así, tenemos que la migración forma parte de la política soberana del país, y cada nación ejerce controles para permitir o negar la entrada a las personas. Desde luego la migración debe ser legal, ordenada y controlada.
Aunque a últimas fechas hemos visto un fenómeno migratorio que responde más a una manifestación política por los tiempos en que se da-, que a una crisis humanitaria. Más aún, pocos son los migrantes procedentes de El Salvador, Guatemala y Honduras, que luego de intentar infructuosamente ingresar a los Estados Unidos, solicitan asilo a México; la mayoría quieren llegar a la Unión Americana y otros muchos se han quedado en el camino, en nuestro México, pandillas de maras, que delinquen y cometen desmanes, incrementando nuestros problemas que no son pocos.
Y más aún, si nunca es oportuno, ahora menos lo es ponerse con Sansón a las patadas, después de todo Estados Unidos es nuestro vecino y nos une un lazo comercial de cinco millones de empleos.
Además, lo que menos desea el presidente Trump es que la Unión Americana tenga como adyacente a una Venezuela, que aunque a algunos les parezca utópico, en su tiempo Hugo Chávez nacionalizó a migrantes que llegaron a aquél país para ver de cerca la revolución bolivariana y defenderla frente a los detractores del mundo.
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