OAXACA DE JUÁREZ, OAX.— Una rampa bloqueada por un automóvil obligó a una familia que acompañaba a una mujer en silla de ruedas a tomar una decisión tan peligrosa como injusta: abandonar el acceso destinado para personas con discapacidad y bajar al arroyo vehicular para poder continuar su camino.
El hecho ocurrió en inmediaciones del Jardín Conzatti, sobre la calle Reforma, y fue denunciado públicamente en redes sociales. El caso vuelve a exhibir una problemática que persiste en las calles de Oaxaca de Juárez: la existencia de espacios de accesibilidad que, en la práctica, pueden quedar inutilizados por vehículos, mercancías, estructuras y otros obstáculos.
La pregunta queda sobre la mesa: ¿quién vigila que estos espacios sean respetados?
UNA RAMPA BLOQUEADA, UNA PERSONA EXPUESTA AL TRÁFICO
La denuncia ciudadana describe una escena ocurrida cuando la familia llegó al lugar acompañando a una adulta mayor en silla de ruedas.
Un Chevrolet Chevy color rojo se encontraba estacionado frente a una rampa de acceso, impidiendo el paso.
“Venimos con mi abuelita en silla de ruedas y NO PODEMOS PASAR”, señalaron.
La única alternativa que encontraron fue abandonar la zona destinada al tránsito peatonal y desplazarse por la vialidad.
“Tuvimos que bajarnos a la CARRETERA. ¡Con todo y silla de ruedas!”, denunciaron.
El riesgo no es menor. Una persona que utiliza silla de ruedas tiene una capacidad de maniobra distinta a la de un peatón y puede quedar particularmente expuesta al circular por una zona destinada a vehículos.
ESPERARON MÁS DE MEDIA HORA
La familia aseguró que permaneció en el sitio durante más de 30 minutos con la expectativa de que apareciera el propietario del automóvil. No ocurrió.
“Estuvimos esperando más de 30 MINUTOS. El dueño NUNCA apareció”, expusieron en su publicación.
La denuncia terminó con un llamado que resume el reclamo:
“¡SEAMOS EMPÁTICOS! ¡RESPETEMOS los espacios para personas vulnerables!”.
Pero el episodio también plantea una interrogante que rebasa la conducta del automovilista: ¿qué sucede cuando una rampa es bloqueada y nadie interviene?
EL PROBLEMA NO ESTÁ SOLO EN UNA CALLE
El caso del Jardín Conzatti no representa un hecho aislado dentro de las dificultades de movilidad que enfrentan las personas con discapacidad en la capital.
En el Centro Histórico, particularmente en zonas como el Zócalo y la Alameda de León, existen espacios donde el tránsito puede verse reducido por módulos, estructuras, mercancías, puestos y otros objetos instalados sobre áreas de circulación.
Para una persona que camina, rodear un obstáculo puede ser una maniobra sencilla. Para alguien que utiliza silla de ruedas, una estructura colocada en medio de una ruta accesible puede cerrar completamente el paso.
A ello se suman vehículos estacionados sobre rampas, banquetas con dificultades para el desplazamiento y accesos que no siempre mantienen una conexión continua entre un punto y otro.
TENER UNA RAMPA NO BASTA
La discusión sobre accesibilidad no debería limitarse a contar cuántas rampas existen.
Una rampa sólo cumple su función si está libre, es transitable y permite conectar de manera segura la banqueta con la vialidad o el espacio público.
Cuando un automóvil la bloquea, la infraestructura deja de ser una solución y se convierte en un punto más de conflicto para quienes necesitan utilizarla.
Lo ocurrido en Reforma también abre la discusión sobre la vigilancia de estos espacios y la respuesta ante las denuncias ciudadanas.
Porque mientras una persona puede recibir una infracción por estacionarse en un sitio prohibido, para quien depende de una silla de ruedas la consecuencia puede ser mucho más concreta: quedar atrapada, buscar una ruta peligrosa o exponerse al tráfico para continuar su recorrido.
¿QUIÉN PONE ORDEN?
El reclamo ciudadano no sólo pide empatía a los conductores. También pone sobre la mesa la necesidad de que los espacios destinados a personas con discapacidad tengan vigilancia efectiva.
La pregunta permanece: ¿dónde están los elementos de vialidad cuando una rampa es bloqueada?
Garantizar movilidad incluyente no depende únicamente de construir rampas. También implica impedir que sean ocupadas, mantener libres las rutas accesibles y actuar cuando una persona denuncia una obstrucción.
En Oaxaca, para quienes utilizan silla de ruedas, cruzar una calle o recorrer una plaza no debería significar enfrentarse a una cadena de obstáculos ni exponerse al tránsito vehicular.
Una rampa libre no es un privilegio. Es una condición básica para poder desplazarse con seguridad.









































