Mientras las calles se llenan de banderas y los colores patrios aparecen en plazas, edificios y hogares, para la familia Espino Carmona septiembre tiene otro significado.
Es el mes en el que el paso del tiempo vuelve a hacerse evidente.
Han transcurrido 16 años desde que Adelaido Espino Carmona desapareció, pero para su hermana Karina la espera no tiene fecha de vencimiento. Cada aniversario, cada celebración familiar y cada septiembre vuelven a poner sobre la mesa una ausencia que nadie ha podido explicar.
Este año decidió escribirle.
“Las calles se adornan de verde, blanco y rojo, pero nuestros días siguen marcados por la ausencia”, comienza la carta dedicada a su hermano.
No es únicamente un mensaje personal. Es el testimonio de una familia que ha aprendido a vivir con una silla vacía, con preguntas sin respuesta y con la esperanza de que algún día la búsqueda termine con un reencuentro.
SEPTIEMBRE TAMBIÉN DUELE
Para Karina, las fiestas patrias contrastan con lo que ocurre dentro de su casa.
“Dicen que septiembre es el mes de la patria, de las luces y las familias reunidas. Para nosotros, se ha convertido en la cuenta exacta del dolor”, escribió.
La frase resume una paradoja: mientras miles de familias aprovechan estas fechas para reunirse, la familia de Adelaido vuelve a recordar que existe alguien que falta.
La mesa familiar tiene un espacio que permanece vacío.
“Mientras afuera la gente celebra, adentro hay un silencio ensordecedor y un espacio vacío en la mesa que nadie más puede ocupar”, señala Karina.
Ese vacío se ha extendido durante años y alcanzó a distintas generaciones de la familia.
Sus padres han envejecido esperando noticias. Sus sobrinos crecieron sin la oportunidad de conocerlo como ella hubiera querido. Y Karina terminó transformando la búsqueda de su hermano en una causa que comparte con otras familias.
LA DESAPARICIÓN QUE CAMBIÓ SU VIDA
Adelaido desapareció el 13 de julio de 2010, después de viajar al norte del país junto con otros nueve hombres.
El grupo había salido de Oaxaca con la intención de adquirir maquinaria que les permitiera facilitar sus actividades en el campo, en un contexto marcado por la falta de oportunidades laborales.
Después de aquel viaje, las familias dejaron de tener contacto con ellos.
En el caso de Karina, la incertidumbre terminó modificando por completo su vida.
Comenzó buscando a su hermano y terminó encontrándose con muchas otras familias que atravesaban la misma experiencia. Actualmente encabeza Sabuesos Guerreras Oaxaca, colectivo desde el que participa en acciones de búsqueda y exige a las autoridades resultados y mayor participación de las víctimas indirectas.
BUSCAR TAMBIÉN ES RESISTIR
La experiencia personal de Karina se convirtió en una lucha colectiva.
Desde el movimiento de familias buscadoras cuestiona la respuesta institucional ante las desapariciones y reclama que las autoridades involucren a quienes conocen de primera mano las circunstancias de cada caso.
Para las familias, la búsqueda no puede reducirse a un expediente.
Es caminar, preguntar, revisar lugares, compartir fotografías, insistir ante las instituciones y mantener abierta una historia que, para ellos, no termina mientras no exista certeza sobre el paradero de su ser querido.
En Oaxaca, los registros oficiales y las estimaciones de colectivos muestran dimensiones distintas del fenómeno. Mientras la Comisión Estatal de Búsqueda reporta cientos de casos recibidos en los últimos años, las organizaciones sostienen que existen miles de personas cuyo paradero continúa sin esclarecerse.
Karina forma parte de ese universo, pero su historia tiene nombre y rostro: Adelaido.
“EL ÚNICO GRITO ES EL DE LLAMARTE”
En su carta, Karina también cuestiona el significado que las celebraciones tienen para una familia marcada por la desaparición.
“Hoy las fiestas patrias no tienen brillo; el único grito que sale de nuestra alma es el de llamarte y extrañarte todos los días”, escribió.
La frase cambia el sentido de una celebración nacional y la convierte en una escena íntima: una familia que no pide olvidar la ausencia, sino encontrar una respuesta.
Karina no habla de cerrar un ciclo.
Habla de continuar.
Su mensaje termina con una promesa breve, pero contundente:
“HASTA ENCONTRARTE.”
16 AÑOS DESPUÉS, LA HISTORIA SIGUE ABIERTA
El tiempo ha transformado muchas cosas alrededor de la desaparición de Adelaido, pero no la exigencia de saber qué ocurrió con él.
Karina pasó de ser una hermana que buscaba a su familiar a convertirse en acompañante de otras personas que viven la misma incertidumbre.
Su carta vuelve a colocar el caso en el terreno más íntimo: el de una familia que durante 16 años ha tenido que aprender a convivir con una ausencia que no eligió.
En septiembre, mientras las calles vuelven a vestirse de verde, blanco y rojo, Karina recuerda que para ellos todavía existe una cuenta pendiente.
No es una fecha.
No es una estadística.
Es Adelaido.
Y la búsqueda, insiste, continuará hasta encontrarlo.







































