El regreso a clases también implica retomar rutinas de alimentación y preparar diariamente la lonchera de los escolares. Para muchas familias, elegir qué alimentos incluir puede representar un reto debido al presupuesto, el tiempo disponible, el número de integrantes del hogar o los conocimientos sobre nutrición.
Sin embargo, una merienda saludable no tiene que ser complicada ni costosa. Con planificación y opciones sencillas, puede convertirse en una oportunidad para complementar la alimentación de los niños, favorecer hábitos saludables y acercarlos a nuevos sabores y texturas.
Preparar las meriendas en casa
Siempre que sea posible, elaborar las colaciones en casa permite incorporar ingredientes frescos y reducir el consumo de productos altamente procesados. Además, involucrar a los niños en la selección y preparación de los alimentos puede despertar su interés por probarlos.
De acuerdo con su edad, pueden participar en tareas sencillas, como mezclar ingredientes, colocar frutas en un recipiente o elegir qué alimentos llevarán en su lonchera. Una alternativa son las galletas caseras de avena y guineo con mantequilla de maní, acompañadas de fruta u otra opción que el menor disfrute.
Combinar al menos dos grupos de alimentos
Una merienda puede ser más completa cuando reúne alimentos de diferentes grupos nutricionales, pues esto permite aportar energía, proteínas, fibra, vitaminas y minerales.
Entre las combinaciones sencillas están yogur con fruta o granola; rollitos de tortilla con plátano y mantequilla de maní; pan integral con mantequilla de almendras y fruta; queso con fruta o galletas integrales, así como vegetales acompañados de hummus.
Las colaciones también pueden contribuir a complementar aquellos nutrientes que no se consumieron en cantidad suficiente durante las comidas principales
Tomar en cuenta los sentidos
El gusto no es el único factor que influye en la relación de los niños con los alimentos. El olor, color, apariencia, temperatura y textura también forman parte de la experiencia.
En menores con selectividad alimentaria, la exposición gradual a nuevos alimentos puede favorecer su familiarización. No es necesario obligarlos a comerlos; observarlos, tocarlos, olerlos o simplemente tenerlos cerca puede ser parte del proceso.
El ejemplo familiar también es importante. Cuando los niños observan a padres o cuidadores consumir alimentos variados, pueden sentirse más seguros para probarlos.
Si un menor presenta dificultades con determinadas texturas o consistencias, problemas para masticar o tragar, cualquier cambio importante en su alimentación debe consultarse con los profesionales que lo atienden. La seguridad durante la masticación y el tragado debe ser una prioridad.
Una actividad familiar
Preparar la lonchera también puede ayudar a desarrollar la independencia de los escolares. Pueden escoger entre dos frutas, ayudar con una receta, organizar los alimentos o elegir una combinación de dos grupos.
Ofrecer alternativas limitadas y apropiadas para su edad les permite participar en las decisiones sin perder el equilibrio nutricional.
Al final, una merienda saludable debe ser accesible para la familia, adecuada para las necesidades del niño y práctica para transportar. Más que buscar preparaciones complicadas, se trata de crear opciones variadas que acompañen su crecimiento y favorezcan una relación positiva con los alimentos.








































