La comparación resulta tan incómoda como reveladora: en México, decenas de miles de policías encargados de combatir la delincuencia reciben salarios inferiores a los 16 mil pesos mensuales que, según una nómina criminal, cobraban pistoleros del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Un cruce de información de los censos nacionales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), publicados en 2026, con una nómina atribuida a la organización criminal expone una brecha que va más allá de los ingresos: muestra las condiciones en las que el Estado pretende enfrentar a grupos delictivos capaces de ofrecer dinero, armamento y recursos para reclutar integrantes.
Los datos contabilizan 134 mil 275 policías estatales y municipales con ingresos inferiores a 16 mil pesos brutos mensuales. De ellos, 90 mil 425 son policías municipales y 43 mil 733 pertenecen a corporaciones estatales.
La cifra coincide con un momento en el que diversas regiones del país enfrentan disputas territoriales, extorsiones, homicidios y presencia de grupos criminales.
16 MIL PESOS: EL PAGO QUE MARCA LA COMPARACIÓN
La nómina criminal que salió a la luz tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, registra pagos mensuales de 16 mil pesos para 26 pistoleros del CJNG.
Ese monto, de acuerdo con los datos cruzados, es superior al salario bruto que reciben 134 mil 275 policías estatales y municipales en México.
La comparación no significa que todos los integrantes del CJNG recibieran esa cantidad ni que todos los policías estén por debajo de ese ingreso. Lo que revela es una brecha salarial particularmente delicada en los niveles operativos de las corporaciones.
En términos netos, los ingresos de algunos agentes se ubican entre 6 mil 800 y 12 mil 400 pesos mensuales, dependiendo de la entidad y la corporación.
Es decir, mientras un policía puede tener que enfrentar a integrantes de organizaciones criminales por un salario que apenas alcanza para cubrir las necesidades básicas, un pistolero puede encontrar en esas estructuras una remuneración comparable o superior.
EL SALARIO PROMEDIO ES DE 8 MIL 640 PESOS
La situación se vuelve todavía más preocupante al revisar la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Inegi correspondiente al primer trimestre de 2026.
El salario promedio mensual de policías y agentes de tránsito se ubicó en 8 mil 640 pesos, una disminución de 4.23 por ciento frente al trimestre anterior.
Ese ingreso representa poco más de la mitad de los 16 mil pesos registrados en la nómina criminal para los pistoleros señalados.
El contraste deja una pregunta de fondo: ¿cómo puede competir el Estado por personal capacitado y comprometido cuando las condiciones económicas de algunas corporaciones se encuentran por debajo de las ofrecidas por organizaciones dedicadas al delito?
La respuesta, sin embargo, no puede reducirse únicamente al salario. La profesionalización, las prestaciones, el equipamiento, la capacitación y las condiciones de seguridad también son factores determinantes.
EL SALARIO “DIGNO” SIGUE LEJOS PARA MILES
El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública y la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos establecieron para 2026 un salario mensual considerado ideal para un policía de 19 mil 167 pesos.
La distancia entre ese parámetro y lo que realmente perciben miles de agentes supera los 10 mil pesos mensuales en los casos más extremos.
El problema es que ese ingreso de referencia tampoco parece estar garantizado de manera homogénea en todo el país.
Informes de la Fuerza Armada Permanente en Tareas de Apoyo a la Seguridad Pública entregados a la Cámara de Diputados muestran que el promedio salarial nacional no alcanzó los 16 mil pesos en ninguno de los periodos revisados entre 2023 y 2026.
En el informe correspondiente al periodo del 20 de noviembre de 2025 al 19 de mayo de 2026, el gobierno redujo el piso salarial considerado “digno” a 15 mil pesos, después de reconocer las dificultades de los estados para cumplir metas superiores.
ESTADO DE MÉXICO ENCABEZA LA LISTA
El Estado de México concentra la mayor cantidad de policías con salarios por debajo de los 16 mil pesos.
Son 17 mil 549 agentes, cifra equivalente a 66 por ciento de los policías municipales de la entidad.
El dato adquiere mayor relevancia por el contexto de inseguridad que enfrenta el estado. De acuerdo con la información citada, tres de cada 10 extorsiones registradas en el país ocurren en territorio mexiquense.
Después aparece Michoacán, con 11 mil 957 policías en ese rango salarial. A diferencia de otras entidades, en este caso la mayor parte pertenece a corporaciones estatales: siete mil un agentes.
El listado continúa con:
Tabasco: 9 mil 728 policías.
Chiapas: 9 mil 700.
Veracruz: 9 mil 243.
Hidalgo: 8 mil 333.
Guerrero: 8 mil 080.
Puebla: 7 mil 301.
En varios de estos estados existe una fuerte presencia de organizaciones criminales y conflictos por el control territorial.
NO SOLO ES EL SUELDO: TAMBIÉN FALTAN EQUIPO Y PERSONAL
El deterioro de las condiciones laborales aparece acompañado por carencias materiales.
Datos de Causa en Común citados en la investigación señalan que apenas 32 por ciento de los policías municipales cuenta con chaleco antibalas y solo 24 por ciento dispone de un arma de fuego.
La situación resulta particularmente delicada para agentes que enfrentan delitos cada vez más violentos y organizaciones con acceso a armas de alto poder.
También existe un problema de cantidad de elementos.
En 21 estados, el número total de policías pasó de 98 mil 413 a 94 mil 396 entre enero y diciembre de 2024, una disminución de 4.06 por ciento.
Menos agentes, bajos salarios y carencias de equipo conforman un escenario que incrementa la presión sobre quienes permanecen en las corporaciones.
POLICÍAS BUSCAN OTROS INGRESOS PARA SOBREVIVIR
La precariedad salarial deja de ser una estadística cuando se escucha a los propios agentes.
Edgard, policía municipal de Xonacatlán, Estado de México, explicó que algunos uniformados se ven obligados a realizar otras actividades para complementar sus ingresos.
“La cuestión económica la tenemos que mejorar teniendo otro trabajo, haciendo otro tipo de actividades; incluso vendiendo dulces, vendiendo paletas, ayudándole a algún albañil”.
El testimonio exhibe una contradicción difícil de ignorar: quienes tienen la responsabilidad de proteger a la población deben buscar trabajos adicionales para completar el ingreso familiar.
En Xonacatlán, según el relato del agente, trabajan 17 policías por turno, cuando la cifra recomendable sería de 67.
Además, algunos elementos laboran sin armas de fuego.
“NADIE SE VA A ARRIESGAR” POR UN SUELDO PRECARIO
La remuneración también tiene una relación directa con el riesgo.
Edgard lo explica de esta manera:
“Con el sueldo tan precario, nadie se va a arriesgar a recibir un impacto, una agresión, a ser lesionado, porque todos tenemos familia”.
La frase resume uno de los dilemas centrales de las corporaciones policiales: se espera que un agente enfrente situaciones de alto riesgo, pero las condiciones laborales no siempre corresponden con la responsabilidad que se le exige.
El problema también puede afectar el reclutamiento y la permanencia de personal capacitado.
Si ser policía implica bajos ingresos, equipamiento insuficiente y exposición permanente a la violencia, la profesión pierde capacidad para competir con otras opciones laborales y, en los escenarios más graves, con las propias estructuras criminales.
SOLO UNA ENTIDAD CUMPLE CON LAS 13 PRESTACIONES
La precariedad tampoco se limita al salario.
De acuerdo con los informes citados, solo una entidad del país cumple con las 13 prestaciones de ley establecidas para sus policías.
Veinticuatro estados presentan una cobertura intermedia y siete registran “rezagos significativos”, de acuerdo con la clasificación del propio informe oficial.
La falta de prestaciones puede representar un problema adicional para los agentes y sus familias, particularmente frente a lesiones, fallecimientos, jubilación o incapacidad derivados de su actividad.
41 MOVILIZACIONES POLICIALES EN SEIS MESES
La inconformidad ha comenzado a manifestarse también en las calles.
Entre enero y junio de 2026 se registraron al menos 41 movilizaciones policiales en 15 entidades, motivadas por bajos salarios, falta de prestaciones y carencias de equipo.
El líder del Sindicato Nacional de Policías, Rodolfo Basurto, describe las condiciones como “precarias” y sostiene que los ingresos no han registrado aumentos reales suficientes durante años.
El sindicato impulsa un Frente Nacional por el Salario Digno Policial y busca que el Senado retome una propuesta para establecer un salario mínimo de 20 mil pesos para policías, maestros y enfermeros.
MENOS APOYOS FEDERALES Y MUNICIPIOS SIN RECURSOS
Otro elemento del problema se encuentra en las finanzas municipales.
Los municipios perdieron apoyos federales destinados a seguridad desde el sexenio anterior y, de acuerdo con el análisis citado, muchos gobiernos locales no cuentan con recursos propios suficientes para elevar los salarios y competir con las remuneraciones ofrecidas por organizaciones criminales.
El analista identificado como Saucedo plantea que la falta de voluntad política para mejorar las condiciones de los policías puede estar relacionada con intereses vinculados a organizaciones criminales.
Esta afirmación, sin embargo, requiere ser respaldada con investigaciones y pruebas específicas. No puede asumirse como una explicación general para la precariedad policial en todo el país.
LA DESCONFIANZA CIUDADANA COMPLETA EL CÍRCULO
Mientras los policías enfrentan bajos salarios y carencias, la ciudadanía mantiene una percepción negativa de las corporaciones.
El Inegi registra que 61.4 por ciento de los mexicanos desconfía de los policías municipales, mientras que 54.3 por ciento expresa desconfianza hacia los estatales.
La desconfianza no puede atribuirse exclusivamente a las condiciones laborales. También está relacionada con problemas de corrupción, abuso de autoridad, impunidad, falta de resultados y experiencias negativas de los ciudadanos.
Pero la precariedad sí forma parte del problema estructural.
Una corporación que pretende recuperar la confianza necesita agentes profesionales, preparados y bien equipados, pero también condiciones laborales que permitan atraer y conservar personal competente.
EL PRESUPUESTO DE 2027 ABRE OTRO FRENTE
A la discusión salarial se suma el panorama presupuestario.
El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 2027, de acuerdo con el análisis citado de El Economista, contempla una reducción de 48.14 por ciento en las plazas de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, al pasar de 55 mil 578 a 28 mil 825 puestos.
El presupuesto promedio anual por plaza también disminuiría de 38 mil 492 a 28 mil 122 pesos, lo que representa una caída real estimada de 26.94 por ciento.
Estas cifras corresponden a una propuesta presupuestaria y, por tanto, deberán analizarse a la luz del presupuesto finalmente aprobado y de las modificaciones que puedan realizarse durante el proceso legislativo.
Aun así, el dato coloca sobre la mesa otra preocupación: cómo fortalecer las instituciones de seguridad si al mismo tiempo existen problemas salariales, falta de personal y posibles reducciones presupuestales.
EL PROBLEMA NO SE RESUELVE SOLO CON MÁS DINERO
Elevar los salarios policiales es una condición importante, pero no suficiente.
Un policía mejor pagado no necesariamente es un policía profesional si no cuenta con capacitación, controles de confianza, equipo, respaldo jurídico, prestaciones, protocolos adecuados y mecanismos efectivos para denunciar actos de corrupción o infiltración criminal.
Tampoco puede utilizarse la precariedad como justificación para cometer abusos o colaborar con grupos delictivos.
El reto es construir corporaciones capaces de ofrecer una carrera profesional digna y, al mismo tiempo, exigir estándares elevados de desempeño y rendición de cuentas.
La comparación con los 16 mil pesos atribuidos a pistoleros del CJNG resulta incómoda precisamente porque exhibe una falla estructural: el Estado pretende combatir organizaciones que utilizan el dinero para reclutar mientras miles de sus propios agentes reciben salarios muy inferiores y trabajan con equipo limitado.
La seguridad pública no se fortalece únicamente con operativos o despliegues. También se construye desde las condiciones de quienes patrullan las calles.
Finalmente, mientras un policía tenga que vender dulces, buscar trabajo de albañil o realizar otra actividad para completar su ingreso, la discusión sobre seguridad seguirá teniendo un problema de origen que ningún operativo puede ocultar.












































