El Taller de Artes Gráficas y Gráficas de Oaxaca (TAGPO) realizó este viernes 21 de agosto su cuarta sesión de dibujo con modelo al desnudo, una actividad que comienza a consolidarse como un punto de encuentro, independiente y alternativo, para artistas plásticos con distintos niveles de experiencia y para personas que buscan acercarse a las artes gráficas.
Más que una sesión aislada de dibujo, la actividad plantea una forma de organización artística sustentada en la participación de la comunidad y en la libertad creativa. Desde la primera convocatoria hasta esta cuarta edición, el ejercicio ha ganado continuidad y presencia entre quienes encuentran en TAGPO un espacio distinto a los circuitos tradicionales de formación y exhibición artística.
El crecimiento de la propuesta también revela una discusión vigente en torno al acceso a los espacios culturales: quiénes pueden participar, bajo qué condiciones y qué posibilidades existen para quienes desarrollan su trabajo fuera de las instituciones formalmente establecidas.
En ese sentido, TAGPO apuesta por una dinámica en la que la propia comunidad contribuye a definir el rumbo de la práctica artística, mientras la experiencia directa de sus participantes fortalece el vínculo con el proyecto.
EL DESNUDO COMO EXPERIENCIA DE CONFIANZA
Uno de los testimonios que mejor refleja el carácter de la jornada es el de Dalia “Mapache”, quien participó por primera vez como modelo de dibujo al desnudo.
Lejos de describir la experiencia únicamente desde la exposición corporal, Dalia destacó el ambiente generado entre quienes participaron y la posibilidad de sentirse segura dentro del espacio.
“Para mí es la primera vez que modelo al desnudo y es una experiencia maravillosa”, señaló.
La participante explicó que la experiencia modificó sus expectativas iniciales, pues anticipaba una situación marcada por los nervios o la incomodidad. Sin embargo, encontró un entorno que le permitió involucrarse con mayor naturalidad.
“Pensé que iba a ser algo más incómodo, algo más de nervios, pero cuando sentí la vibra del lugar, de las personas, me sentí tan en confianza”, relató.
Para Dalia, el ejercicio tampoco se reduce al acto técnico de observar y trasladar una figura al papel. En su percepción, existe un componente emocional que transforma la sesión.
“Más allá de solo ver y dibujar, es como el sentir”, afirmó.
La experiencia fue suficientemente positiva para que expresara su intención de regresar:
“Me sentí súper cómoda y ahora lo veo como un lugar al que quisiera volver”.
MÁS ALLÁ DE LOS CIRCUITOS INSTITUCIONALES
La experiencia de Dalia también abrió una reflexión sobre la necesidad de generar espacios alternativos para la práctica artística.
Desde su perspectiva, existen sectores que pueden sentirse excluidos de determinados circuitos debido a los requisitos, códigos o condiciones que suelen acompañar a los espacios institucionales.
“Nos hacen falta muchísimo de estos espacios, porque algunas personas se cierran mucho a ciertos lugares porque parece que tienes que cumplir ciertos requisitos para estar ahí”, sostuvo.
Su planteamiento coloca en el centro una pregunta relevante para la escena cultural: si el acceso al arte y a su práctica debe depender exclusivamente de instituciones, galerías o espacios con estructuras formales.
La respuesta de Dalia es contundente:
“El talento y el amor al arte, yo creo que se encuentran en donde tú lo vivas, donde tú lo sientas. No tienes que ir a instituciones grandísimas”.
La afirmación no implica necesariamente un rechazo a las instituciones, sino una reivindicación de los espacios independientes como escenarios capaces de generar otras formas de participación, aprendizaje y convivencia artística.
CUANDO LA COMUNIDAD SE CONVIERTE EN TALLER
Uno de los elementos que distingue la propuesta es precisamente la convivencia entre artistas con diferentes recorridos. En esta cuarta sesión participaron Estela Montealegre, Sador Ramos, Eleonai Rivera, Pedro Pacheco, Emanuell Yost, Doris Doroca, Abraham Revilla, Roel Cruz, Ignacio García, Painter Moreno, Emmanuel Valdez, Carlos Hurtado, Oswaldo Ramírez y Álvaro Hernández.
La diversidad de trayectorias permite que el ejercicio no quede restringido a quienes cuentan con una formación especializada o una carrera consolidada. La convivencia entre artistas emergentes y creadores con mayor experiencia amplía las posibilidades de intercambio y aprendizaje.
Dalia identificó precisamente ese componente como una de las fortalezas de la sesión.
“Me encanta este espacio que es comunitario, artístico y que realmente la gente que está aquí dibujando son personas talentosísimas”, expresó “Mapache”.
Su valoración apunta a un aspecto fundamental de este tipo de iniciativas: el espacio artístico no se construye únicamente mediante la infraestructura física, sino a través de las relaciones que se establecen entre quienes lo habitan y participan en él.
“La comunidad es lo que hace, lo que crea”, resumió.
EL ENCUENTRO FRENTE A LA PANTALLA
La reflexión de Dalia también se extiende hacia la manera en que actualmente se construyen las relaciones entre artistas y comunidades.
Aunque reconoce el enorme alcance de las redes sociales, cuestiona que estas puedan convertirse en el principal escenario de interacción.
“Hace falta que entre nosotros nos comuniquemos más allá de redes sociales”, planteó.
Su crítica parte de una observación sobre la manera en que las plataformas digitales pueden terminar condicionando la percepción de la realidad.
“Las redes sociales son una cosa grandísima que de pronto creemos nuestra realidad en base a ello”, afirmó.
Frente a esa dinámica, reivindicó el encuentro presencial como una experiencia difícil de sustituir mediante las plataformas digitales.
“La realidad está en las calles, en las casas, aquí”, dijo, para después plantear la necesidad de “abrirnos mucho más a la realidad, a vivir, a convivir con personas”.
La frase adquiere especial relevancia en el contexto de una actividad que precisamente depende del encuentro físico: observar, dibujar, conversar y compartir un mismo espacio.
ENCONTRAR A QUIENES COMPARTEN UNA PASIÓN
La propuesta de Dalia no se limita a defender la existencia de espacios alternativos. También plantea una responsabilidad para quienes forman parte de las comunidades artísticas: buscar a otras personas con intereses semejantes y construir colectivamente.
“Hay que encontrar a las personas que aman lo que nosotros amamos y agarrarnos de eso, hacer algo grande de ello”, expresó.
En esa idea se concentra buena parte del sentido de la cuarta sesión de TAGPO: el arte como una práctica que puede fortalecerse cuando abandona el aislamiento y encuentra espacios de intercambio.
La continuidad de estas sesiones permitirá observar si la iniciativa logra mantener el interés y convertirse en un espacio permanente para la práctica del dibujo, pero la participación registrada hasta ahora muestra que existe una comunidad dispuesta a sostener este tipo de encuentros.
UNA INVITACIÓN A PERSISTIR
Al final de la entrevista, Dalia dejó un mensaje breve para la comunidad, pero significativo por su carácter directo:
“Que busquen lo suyo, que lo encuentren, que se aferren. Nada más”.
La frase funciona también como síntesis de una jornada en la que el dibujo con modelo al desnudo fue solamente el punto de partida para discutir asuntos más amplios: la libertad creativa, la inclusión, el acceso al arte, la convivencia y la necesidad de recuperar espacios físicos de encuentro.
La cuarta sesión de TAGPO dejó así una experiencia que sus participantes calificaron como gratificante y que, al mismo tiempo, plantea un desafío: que la construcción comunitaria no dependa únicamente del entusiasmo de una jornada, sino que pueda convertirse en una práctica sostenida capaz de abrir oportunidades para nuevas generaciones de artistas.









































