Una cueva oculta entre las montañas del cañón del río La Venta, en las inmediaciones del Arco del Tiempo, resguardó durante siglos un importante conjunto de ofrendas ceremoniales de la antigua cultura zoque. En su interior fueron localizados 13 depósitos rituales con un total de 179 piezas prehispánicas, un descubrimiento considerado entre los más relevantes de las últimas décadas en Chiapas.
La cavidad, conocida como Mundo Zoque, fue localizada por el guía de naturaleza Jairo Díaz Barreiro, quien notificó el hallazgo al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) a principios de este año. Tras varios meses de exploración y documentación, especialistas confirmaron que el sitio permaneció prácticamente intacto gracias a las difíciles condiciones de acceso.
La cueva tiene aproximadamente 100 metros de longitud y solo puede alcanzarse mediante un descenso en rápel de más de diez metros, además de atravesar estrechos pasajes y zonas que durante la temporada de lluvias permanecen inundadas. Estas características evitaron que el lugar fuera saqueado y permitieron la conservación de un contexto arqueológico excepcional.
Durante las exploraciones, los investigadores identificaron 13 depósitos rituales que contenían incensarios, urnas-efigie, cajetes y otros objetos cerámicos decorados con figuras de jaguares, tecolotes y serpientes, animales estrechamente relacionados con la cosmovisión zoque y con el simbolismo del inframundo.
Uno de los hallazgos más significativos corresponde a varios incensarios decorados con representaciones de las espinas de la ceiba, árbol considerado sagrado por este pueblo. De acuerdo con los arqueólogos, estas piezas parecen marcar el recorrido ceremonial dentro de la cueva, la cual conduce hacia amplias cámaras naturales adornadas con estalactitas y estalagmitas.
En la cámara principal fueron localizados cinco depósitos con abundante cerámica de pasta fina. Entre las piezas destaca un sahumador con la representación del quincunce, símbolo mesoamericano que representa los cuatro rumbos del universo y su punto central, además de un mango de 32 centímetros rematado con la figura de una serpiente con las fauces abiertas.
Con base en las características de la cerámica y de su iconografía, los especialistas estiman que las ofrendas corresponden al periodo Clásico Tardío regional, entre los años 600 y 900 después de Cristo.
La distribución de los objetos permitió establecer, de manera preliminar, que la cueva fue utilizada exclusivamente como un espacio ceremonial dedicado a rituales relacionados con la lluvia, la fertilidad agrícola y el culto a las fuerzas de la naturaleza, más que como un sitio de habitación.
Las investigaciones continuarán con el registro tridimensional del sitio mediante fotogrametría y con análisis especializados de los materiales recuperados. Los expertos buscarán identificar residuos de copal, cenizas, restos orgánicos e incluso posibles vestigios óseos conservados en el interior de las piezas, lo que podría aportar nueva información sobre las prácticas rituales de la antigua cultura zoque.
El descubrimiento aporta nuevas evidencias sobre la complejidad religiosa y ceremonial de este pueblo prehispánico y abre una oportunidad para profundizar en el conocimiento de una de las culturas menos estudiadas del sureste de México.











































