Los artistas plásticos José Luis Feliciano, Carlos Hurtado y Tamara Toledo protagonizan una exposición colectiva que reúne tres miradas distintas sobre la memoria, la identidad, la espiritualidad y la experiencia humana. A través de paisajes, figuras simbólicas, formas abstractas y una intensa exploración cromática, los creadores ofrecen un recorrido por universos personales que encuentran en el arte una vía para dialogar con sus orígenes y emociones.
La muestra, hecha a cabo en la galería Espacio – Arte 407, destaca no sólo por la diversidad de estilos, sino por la manera en que cada expositor construye una narrativa propia a partir de recuerdos, creencias y elementos culturales profundamente arraigados en Oaxaca. El resultado es una propuesta donde convergen la tradición, la imaginación y la búsqueda constante de nuevas formas de expresión.
CARLOS HURTADO: EL ARTE COMO RENACIMIENTO Y EXPRESIÓN DEL ALMA
La propuesta de Carlos Hurtado transita entre el misticismo, la memoria colectiva y la búsqueda espiritual. Su obra, influenciada por su formación en el Centro de Educación Artística (CEDART) “Miguel Cabrera” del INBA y la Facultad de Artes Escénicas de la Universidad Veracruzana, construye escenarios donde la fiesta popular, los personajes de pueblo, la figura femenina y los elementos de la naturaleza dialogan en un universo cargado de simbolismo.

Para el artista, la pintura ha representado mucho más que una disciplina creativa. Ha sido un proceso de transformación personal y de encuentro consigo mismo.
“Mi experiencia fue volver a nacer, volverme a sentir como en el lugar donde siempre debí estar, expresando por medio de la pintura y hacer sentir emociones a los espectadores”, expresó.
Esa visión se refleja en una obra donde la trascendencia del alma ocupa un lugar central. Sus personajes parecen habitar espacios suspendidos entre la realidad y el sueño, acompañados por colibríes, libélulas y elementos que evocan la conexión entre el ser humano, la naturaleza y lo espiritual.

Desde el punto de vista técnico, Hurtado desarrolla una propuesta que combina stuco, alto relieve, texturas, trabajo con espátula y óleo sobre tela, recursos que aportan profundidad, volumen y movimiento a sus composiciones. Estas técnicas permiten que la materia pictórica cobre protagonismo y genere una experiencia visual que va más allá del color y la forma.
Las superficies texturizadas y los relieves convierten cada pieza en un territorio de exploración para la mirada. Mientras que los tonos terrosos y las atmósferas oníricas fortalecen una narrativa visual donde la tradición figurativa oaxaqueña se fusiona con una sensibilidad contemporánea y profundamente personal.
A través de esta combinación de técnica y simbolismo, Carlos Hurtado invita al espectador a recorrer un universo donde la celebración, la espiritualidad y la emoción se encuentran en cada trazo.
LA MIXTECA Y LA INFANCIA ETERNA DE JOSÉ LUIS FELICIANO
En la obra de José Luis Feliciano, los paisajes son mucho más que escenarios naturales. Cada pintura es una evocación de la infancia, de los bosques mixtecos y de una relación íntima con la tierra que marcó su formación personal y artística.

El creador recuerda aquellos años con una frase que resume el espíritu de su trabajo:
“Yo siempre digo que fui inmortal. No fui niño, fui inmortal”.
Sus cuadros nacen de experiencias cotidianas vividas entre montañas, árboles y jornadas comunitarias que hoy sobreviven en la memoria convertidas en color y textura.

“Pinto paisajes porque es el lugar donde yo jugaba”, explicó el artista.
La cosmovisión mixteca también ocupa un lugar central en su propuesta. En varias de sus obras aparecen referencias a una figura ancestral asociada al bosque y a la naturaleza.
“En la cultura mixteca tenemos a un dios que fue olvidado también, que se llama Atayú, es el dueño del bosque”, relató.
Para Feliciano, pintar significa regresar a esos espacios sagrados que definieron su infancia y su identidad.
“Realmente pintar paisajes para mí es como transportarme hacia mi tierra y hacia esos momentos”, expresó.
TAMARA TOLEDO Y LA FUERZA DEL COLOR
La obra de Tamara Toledo aporta a la exposición una experiencia visual marcada por la intensidad cromática y la exploración de las formas.

Sus piezas capturan la atención mediante destellos, contrastes y composiciones que apelan directamente a los sentidos. El color se convierte en el principal vehículo narrativo de una propuesta que invita al espectador a descubrir múltiples interpretaciones.
Por otra parte, cada obra parece construir una atmósfera propia donde la luz, las texturas y los elementos abstractos generan sensaciones cambiantes. Más que describir una realidad específica, Toledo apuesta por provocar emociones y establecer una comunicación inmediata con quien observa.
TRES VOCES, UNA MISMA BÚSQUEDA
Aunque sus estilos son distintos, José Luis Feliciano, Carlos Hurtado y Tamara Toledo comparten una misma convicción: el arte como herramienta para explorar la memoria, la identidad y la experiencia humana.
Finalmente, la exposición pone en evidencia la riqueza y diversidad de la plástica oaxaqueña contemporánea, donde conviven la herencia cultural, la reflexión personal y la experimentación estética. Cada artista propone una ruta diferente, pero todas conducen a un mismo punto: la necesidad de transformar recuerdos, sueños y emociones en imágenes capaces de dialogar con el público.











































