La epidemia de ébola que afecta a la República Democrática del Congo (RDC) continúa expandiéndose a un ritmo preocupante, encendiendo las alertas de organismos internacionales de salud que buscan evitar una crisis de mayores dimensiones en África central.
A poco más de un mes de haber sido declarada oficialmente, la emergencia sanitaria muestra señales de aceleración. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que la transmisión del virus mantiene una tendencia ascendente y que la situación sigue siendo crítica, especialmente en la provincia de Ituri, donde se concentra la gran mayoría de los contagios.
“El brote sigue siendo grave” y está “evolucionando muy rápido”, señaló Marie-Roseline Belizaire, responsable de emergencias para África de la OMS, al referirse al comportamiento de la enfermedad en las últimas semanas.
CASI 900 CONTAGIOS Y MÁS DE 230 FALLECIDOS
De acuerdo con el reporte más reciente, se han confirmado 896 casos de ébola, incluidos 232 fallecimientos, cifras que reflejan la magnitud del desafío sanitario que enfrenta el país africano.
Tan solo en las últimas 24 horas fueron detectados 21 nuevos contagios, un indicador que preocupa a los especialistas debido a la velocidad con la que el virus continúa propagándose.
La epidemia fue declarada el pasado 15 de mayo, aunque las autoridades reconocen que la circulación de la cepa Bundibugyo. Una variante poco frecuente del virus, pasó inadvertida durante las primeras semanas, permitiendo que la transmisión avanzara antes de ser detectada plenamente.
ITURI, EL EPICENTRO DE LA CRISIS
Más del 90 por ciento de los casos confirmados se encuentran en la provincia de Ituri, en el noreste de la RDC. Sin embargo, la expansión hacia las provincias vecinas de Kivu Norte y Kivu Sur incrementa la preocupación de las autoridades sanitarias.
Estas regiones enfrentan desde hace años conflictos armados, desplazamientos forzados y limitaciones en el acceso a servicios médicos, factores que complican las tareas de vigilancia epidemiológica y atención a los pacientes.
La combinación de violencia e infraestructura sanitaria limitada representa uno de los principales obstáculos para contener el brote.
AUMENTAN LOS RECURSOS, PERO EL RIESGO PERSISTE
Pese al avance de la enfermedad, la respuesta internacional también se ha fortalecido. En cuestión de semanas, la capacidad de atención pasó de no contar con camas especializadas a disponer de más de 500 espacios para el tratamiento de pacientes.
Además, los equipos de vigilancia investigan cerca de 400 alertas diarias y realizan más de 2 mil pruebas diagnósticas cada día en las zonas afectadas.
Uno de los aspectos más relevantes es el rastreo de contactos, una estrategia fundamental para interrumpir las cadenas de transmisión. Actualmente se monitorea al 75 por ciento de las personas que tuvieron contacto con casos confirmados, aunque la meta establecida es alcanzar una cobertura del 95 por ciento.
EL DESAFÍO DE FRENAR LOS CONTAGIOS
El ébola se transmite mediante contacto directo con fluidos corporales infectados. Por lo que la identificación temprana de casos y el seguimiento de contactos son herramientas clave para evitar nuevos brotes.
La OMS también ha reforzado los protocolos para la realización de entierros seguros y dignos. Esto, debido a que la manipulación de cuerpos sin medidas adecuadas constituye uno de los momentos de mayor riesgo de contagio.
UGANDA LOGRA ESTABILIZAR SU SITUACIÓN
Mientras la República Democrática del Congo enfrenta una fase crítica de la epidemia, la situación en Uganda muestra signos de mayor control.
Las autoridades sanitarias de ese país han reportado 19 casos y dos fallecimientos, además de diez personas recuperadas. Durante los últimos 12 días no se han registrado nuevos contagios, una señal alentadora para la región.
No obstante, el riesgo de propagación transfronteriza sigue vigente debido a la movilidad constante entre ambos países y a las dificultades para controlar completamente los desplazamientos en zonas fronterizas.
UNA ALERTA QUE TRASCIENDE FRONTERAS
La actual epidemia pone nuevamente en evidencia las desigualdades estructurales que enfrentan numerosos sistemas de salud en África y la importancia de una respuesta internacional rápida y coordinada.
Aunque los recursos médicos desplegados han aumentado considerablemente, la velocidad del contagio demuestra que la capacidad de reacción continúa siendo puesta a prueba. La evolución de las próximas semanas será determinante para evitar que el brote se convierta en una emergencia regional de mayor alcance.










































