El hongo Sporothrix brasiliensis avanza en Sudamérica y genera preocupación por su capacidad de contagio entre gatos y humanos. La infección provoca úlceras y lesiones que requieren atención médica inmediata, y ha sido documentada en brotes recientes, incluyendo Uruguay, donde un gato rescatado desde Brasil transmitió la enfermedad a la familia con la que convivía.
SÍNTOMAS EN GATOS Y PERSONAS
Identificar las heridas a tiempo es clave para frenar complicaciones. En los felinos, el hongo provoca:
- Llagas profundas: Úlceras con costras en hocico, nariz y orejas.
- Problemas respiratorios: Estornudos frecuentes y dificultad para respirar.
- En humanos, la enfermedad se manifiesta tras el contacto con gatos infectados:
- Úlceras dolorosas: Aparecen bultos y llagas en manos o brazos luego de un rasguño.
- Afección linfática: Si progresa, puede afectar ganglios, ojos y pulmones, complicando el cuadro clínico.
VÍAS DE CONTAGIO
El hongo se transmite de manera directa desde los gatos:
- Rasguños: Las garras del animal transmiten el hongo a cualquier corte en la piel humana.
- Mordeduras: Inyección directa del hongo en la piel durante ataques o juegos bruscos.
- Contacto con secreciones: Tocar úlceras de gatos sin protección facilita la infección.
- Inhalación: Las gotas expulsadas por estornudos pueden llegar a los pulmones de quienes están cerca.
TRATAMIENTO Y RECUPERACIÓN
A pesar de su agresividad, la enfermedad es tratable:
- En humanos: Fármacos antifúngicos eliminan la infección si se siguen las indicaciones médicas.
- En gatos: Medicamentos como itraconazol, administrados bajo vigilancia veterinaria, permiten la sanación.
- Duración: La terapia puede durar de semanas hasta cuatro meses; suspender el tratamiento provoca recaídas.
PRESENCIA GEOGRÁFICA
El hongo tiene fuerte presencia en Sudamérica:
- Brasil: Epicentro, con mayor número de casos en humanos y mascotas.
- Expansión regional: Argentina, Chile y Uruguay registran brotes activos.
Su característica distintiva es la alta carga de hongos en las heridas felinas, lo que aumenta el riesgo de contagio masivo y convierte a los gatos en vectores principales de la enfermedad.











































