Con su trabajo don Sergio da nueva vida al calzado
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Con su trabajo don Sergio da nueva vida al calzado

Su familia lo apoya y también han aprendido el oficio.

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Es una opción redituable para las personas que compran calzado caro, el cual se descompone en poco tiempo, es el trabajo del “zapatero remendón”, quien en ocasiones sólo con sus manos y una aguja capotera, da una segunda vida a los zapatos, así como todo tipo de artículos de piel.

“En este lugar se arreglan, se cambian suelas, medias suelas, tapas y tacones, pintan, se le da otra vida al calzado. La gente dice que es un trabajo de mucha paciencia porque se tienen que realizar diferentes cosas, comentó don Sergio Francisco Cruz.

Con más de tres décadas de dedicarse a esta actividad, don Sergio, se siente orgulloso de realizar su trabajo sin descanso todos los días, de lunes a domingo, “no dejó de trabajar ni un solo día, la gente desde hace años sabe que en este taller se labora de 6:00 a 16:00 horas”.

Explicó que a su taller ubicado sobre la calle de Reforma Agraria de la agencia municipal de Cinco Señores, a diario llegan las personas a que se les pinte sus zapatos, o que se les arregle un cinturón, una cartera, incluso extensibles de piel de los relojes.

“Mi trabajo me ha dejado grandes satisfacciones, hemos vivido, comido, pagamos una renta, todos los días estamos laborando, podemos amanecer sin un centavo, pero a las 8 de la mañana ya entró algo y se tiene para poder empezar a comprar algo, es muy generoso”, asentó.

Hace 35 años por la necesidad de aprender un oficio, un maestro de Ejutla de Crespo me enseñó el trabajo, el cual inició ya en la edad adulta, para mí ha sido grande y generoso, además de satisfactorio, me siento bien trabajando para la gente que me busca”, dijo.

Francisco Cruz, quien nació en el barrio de la Defensa de esta capital al principio aprendió el trabajo de la panadería, ahora al lado de su esposa Genoveva García, así como otros integrantes de su familia, entre de ellos su nieto Rodolfo Rodríguez Cruz de 9 años, quien cursa el cuarto año de la instrucción primaria, trabajan en el taller familiar.

“Aquí rehabilitamos todo tipo de artículos de piel a precios accesibles, una mochila que puede costar en el mercado entre 250 o 300 pesos, que se encuentra rota o que el cierre no funciona se arreglan, o los zapatos que se rompen de la punta se les hace la pieza y continúan sirviendo”, externó.

Con la piel, reiteró, se puede hacer muchas cosas, hay la ventaja de que actualmente venden pedacería de este tipo de material, incluso se pueden hacer huaraches, zapatos chicos para niño, sencillos, pero que se pueden vender a precios razonables.

“Cuando empecé a trabajar este oficio le enseñé a varios jóvenes que todavía continúan con sus talleres, algunos a pesar de que trabajan en una oficina, al salir de sus empleos realizan sus trabajos de costura a mano, elaboración artesanal de cinturones, huaraches; sin embargo, el oficio se ha ido perdiendo”, concluyó.

 

 

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